El Dragón Del Sol 26

Tom Tom y Alberto



ÉL
Me miras, desciende la caricia más tierna convertida en recuerdo. Tus brazos me abren el paso a tus anhelos vedados. Se tiñen los mares del cielo y tu rostro se llena de furtivos afanes que me besan el cuerpo.

ELLA
Te miro, mis nudos me afianzan a este pringoso terreno. Tus nudillos me seducen con sus depurados puños de lírica y numen. Se pinta el suelo rugoso de mi explanada imperfecta y tus manos se colman de sonetos brillantes.

ÉL
Cuando estás, los pájaros emboscan la túnica de lapislázuli susana. Mis fibras acuden a tus raíces  robustas y me amarro a ellas porque no sé vivir. No sé vivir sin el tizne blancuzco de tu alegría. No sé vivir con esta manía de tenerte.

ELLA
Cuando estoy, me siento jaspeada y sucia. Mis nervios se aferran a él, pero mis ojos te miran sin pausa porque no sé perderte. No sé perder tu ternura inimitable. No sé perder la necesidad de besarte.

ÉL
Cuando te toco, lo hago con la voluntad de sentirte. Me gusta deslizarme imaginariamente por debajo de tus cejas, dibujar tu ciclópea curva, tu sonrisa que sale de mis dedos como si fuera la tinta de mi alma podrida. 

ELLA
Cuando me tocas yo lloro. Me fascina sentirte ficticiamente entre las torrecillas de mi cabello, estrecharte como a un gigante felpudo y contemplarte como si fueras la visión de mi alma perdida.

ÉL
Te beso en sueños. Te llevo al parque y bebemos té, me tomas las manos proclamando cariño. Tus rodillas miran al cielo desnudas y siento el roce de tu piernas tibias.

ELLA
Nos besamos en sueños. Me llevas al parque y tomamos té, me envuelves en tu loción de bergamota y limón, tus brazos desabrigados me protegen de mis más grandes miedos.

Te quiero.

Me quieres.

Nos queremos

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