El Dragón del Sol 22


Alberto



Yo muero. 

Muero en la marea de tu tinta y poesía, en tu perfume de sal y tu brisa de vino. Te bebo, te guardo con tu sonrisa de gato montés. Respiro el aire dulzón de tus labios de rocío, tu locura de ajetreo monumental. 

Existo, existo en tu baqueteo sonriente y absuelto de fechoría. No mires atrás, que vivo, vivo en esta dulzura que soplan tus dedos. Me escurro por tus brazos finos, tu suave pétalo de carne y hueso. Obscurezco ante el verso de negra figura, adversa poesía que merma mi risa.

Te miro, te miro con prisa y presteza de niño, con vista de ángel en pleno abandono. Te escribo, sólo a ti te escribo, porque eres la pluma que deshace mis lazos, mis agujetas de hierro. 

Te habito, habito la luz que engrandece mis sueños, la puerta que cierra mis miedos de muerte y manía. No mires atrás, que vivo, vivo en este recinto con yemas de anhelos, botones de flores silvestres. No selles tus brazos, que vivo, vivo en tu pecho de almíbar y fuego. No me separes que sin ti ya no escribo.

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