El Dragón Del Sol 19

Alberto



Teníamos una casita de madera en el parque. A Valeria le gustaba contemplar los fragmentos níveos y brillantes del cielo. Recuerdo que sus ojos se abrían como dos platos a la espera del mínimo destello estelar, un movimiento furtivo en el telón moteado, fuese lo que fuese observaba circunspecta hacia arriba, siempre perpleja ante la luz de un astro divino.

Cuando hablábamos no teníamos hora para dormir porque no existía el sueño, no había barreras ni ataduras temporales, tan sólo nos deleitábamos intercambiando teorías mentales que desmantelaban algún tipo de estructura social, política o moral, incluso reglas físicas y mecánicas que se zambullían como clavadistas en nuestra piscina de agitadas posibilidades. Cuando realizábamos esta magnífica tarea, podíamos estar recostados en el colchón, mirando lo que no se puede mirar y encontrando puntos negros en el cielo raso.

—Tienes magia.—le decía cuando ella descubría algo nuevo en donde la nada reinaba.

Para Rivadeneira todo aquello no era, aun cuando pudiera olerlo tan fresco como un durazno caído del árbol. Para ella existir era lo primordial, no había necesidad de cuestionarse por qué acontecía todo aquello. No le gustaba atribuirle títulos a lo que no entendía o a lo que en el fondo temía. En cambio, prefería seguir hilvanando el sentimiento, llenarlo más y más, siempre un poco más.

Allí estaba ella de nuevo, caminando pensativa sobre su cuerda floja e inexistente de boyas amarillas. Se balanceaba sobre un pie y luego sobre otro intentando equilibrar el peso de su talega roja -ella siempre decía que era naranja- y se tambaleaba ligeramente hacia un costado.

A Tom Tom le gustaba acompañar nuestros proyectos universitarios con sus canciones favoritas, las de Foo Fighters eran sus preferidas, las de Kings Of Convenience despertaban su curiosidad intelectual. Solíamos desvelarnos en la biblioteca, observarnos en medio de nuestro cansancio y sonreírnos como dos extraños que se volvían a conocer.

Por aquellos días ya no hablábamos mucho de Ricardo Quintana, su existencia se reducía a la nimiedad de ser por compromiso. De vez en cuando, el muy cabrón intervenía en nuestro consenso, a veces me estrechaba la mano con una sonrisa, se rascaba la barba negra y desaparecía de inmediato. Quintana era consciente de su derecho de antigüedad y se pavoneaba con ello. Era por dicha razón que no intervenía, disfrutaba ser espectador de aquella entidad extraña que Tom Tom y yo representábamos. Aunque en el fondo moría de celos y se lo reprochaba cada que tenía la oportunidad.

—Ricardo siempre ha sido un celoso de lo peor. No le hagas caso.

Ricardo tenía la necesidad de saberlo todo, poseía un insistente y controlador comportamiento sobre ella y Tom Tom lo aceptaba, pero eso era poco. Era el ambiente vigilante que ser su amigo representaba. Las amigas de Tom Tom eran dos ojos rojos que me examinaban en cada paso que daba. Monique decía que yo no era de fiar y la advertía que no se acercara a mí.

—No lo busques, no le digas cosas que pueda malinterpretar. Ese tipo está obsesionado contigo. ¿Lo sabes, verdad?

Pese a todo, a Tom Tom le importaba muy poco lo que dijeran. Nuestras interacciones se desarrollaban dentro de una burbuja que sólo ella y yo controlábamos. Ante la posibilidad de poder saber todo sobre Quintana en un abrir y cerrar de ojos, mis reglas morales me lo impedían. Por mucho que lo deseara, respetaba la privacidad de su relación y sus secretos eran tan suyos como los míos con ella.

Cuando la carta llegó a sus manos lo primero que hizo fue enviarme un mensaje. "Tenemos que hablar", decía. Al parecer se había encontrado con una curiosa carta dentro de los carteles de prevención del baño de mujeres.

—Es extraordinario. Me sentí como en una película de superhéroes.

La idea le parecía interesante, más allá de querer hacer uso de ella, Tom Tom creía que era fascinante que una persona dedicara parte de su tiempo a tales actividades.

-Debe ser un hombre atormentado, inteligente y con una capacidad de análisis superior al promedio. Me intriga saber quién es y qué lo motiva a hacer lo que hace.

"Si supieras que lo tienes enfrente de ti".

—Si quieres saber mi opinión, me parece que es alguien que ve demasiada televisión.—esas fueron las últimas palabras sobre El Dragón Del Sol.

Y mientras más tiempo pasaba, más crecía todo aquello, ella lo sabía y lo favorecía. Tom Tom lo sabía, conocía la fuerza de mi inmenso querer y se sentía halagada por ello. Ella, como una glosa, era la exégesis de un retrato nocturno que descuellaba ante la mirada de cientos de lectores estupefactos. Yo era uno de esos lectores y me encontraba atrapado, decapitado ante el poder de su naturaleza de tinta y poesía. Era por ella, porque aunque no se parecieran en lo absoluto, tenía el mismo brillo con el que Xiad me miraba, pero era por ella; no por Xiad, por ella misma y su sonrisa bribona. Como cuando hablábamos en portugués y jugábamos a tratarnos como argentinos cuando el estrés tenía que ser liberado, algo en común que tenía con Xiad, y que a la vez, era tan diferente cuando Tom Tom lo hacía.

"Te quiero."

Lo decía cada que tenía la oportunidad de hacerlo, lo decía y en verdad lo sentía. Lo sentía cuando nuestras manos se tocaban sin la intención de hacerlo, cuando nuestras miradas se besaban en un cruce cordial. Lo sentía cuando sus ojos me miraban, cuando jugábamos en la bóveda y sus preguntas volvían a romper mi mundo.

—Si el alma fuera transferible y pudieras trasladar el espíritu del ser amado a otro cuerpo. ¿Seguirías amando a la misma persona?

"Te seguiría amando aunque fueras sólo el pensamiento de una persona."

—¿Sabes? Tengo un visión diferente de todas las cosas, y en mi visión diferente de todas las cosas, creo en el cariño inmenso que dos personas pueden llegar a tenerse. Eso es mejor que la atracción física o la sexualidad. No me seduce el cuerpo, me seduce la mente que vibra en el cuerpo. Amaría a la misma persona aunque fuera en otro cuerpo, sin embargo, el cuerpo también es parte de ella, porque en mi definición de persona, la mente y el cuerpo se vuelven uno solo.

Siguiente capítulo: El Dragón Del Sol 20