El Dragón Del Sol 18


Ricardo y Cecilia





"Ya nos cargó el payaso."

Esas fueron las exactas palabras de su hermano. Había encontrado la carta en su mochila hacía dos días. Al principio, Ceci creyó que se trataba de una broma, pero después de enterarse de que había más cartas en el campus, su rostro cambió.

-Tranquilo. No tenemos nada que temer.

"Por favor que no me equivoque”.

—¿Ah no? ¿Qué pasa si estas cartas ya llegaron a manos de Tom Tom? ¿Crees que sería capaz de resistir la tentación? Te recuerdo que tenemos mucha cola que nos pisen. Si este tipo es lo que resulta ser, ya nos jodimos.

Ricardo tenía razón. La probabilidad de que la noticia hubiera llegado a oídos de Tom Tom era muy alta, sin embargo, contrario a lo que Ricardo pensaba, no imaginaba a Tom Tom contratando a un detective privado para revelar los secretos de su novio.

-Tom Tom no es así. Sus conceptos de lealtad y fidelidad son diferentes a los tuyos y los míos. Cuando ella cree, cree, no necesita buscar pruebas de nada porque confía en ti.

"Parece que no la conoces, hermanita. ¿O acaso soy yo quien no la conoce?”

—De cualquier modo no podemos pretender que nada pasa. Tenemos que hacer algo.

Era verdad, incluso aunque Tom Tom no hiciera uso de la carta, afuera había un loco que podía saber sus sucios secretos. A pesar de los discretos que eran, cualquier cosa, un pequeño error o un paso al aire podía delatarlos. Por otra parte, la curiosidad de Ricardo también era un problema. ¿Podría ser que….?

“No seas imbécil, ella no sería capaz de serte infiel, no está en su naturaleza. Además, ¿qué secretos podría ocultarte una mujer como Tom Tom?”

—Tenemos que hacer algo, Ceci.

—Ya lo tengo. No sé por qué no se me ocurrió antes. Hablaremos con Hector.

“Es verdad, podemos armar todo un movimiento en contra de este sujeto.”

—Estoy seguro de que Hector no podría dejar expuesta la seguridad de sus alumnos. Él siempre ha sido muy accesible en ese sentido, además, tú te llevas muy bien con él.-Ricardo se rascaba la barba nervioso.

“Sí, sin olvidar que ya nos acostamos dos veces.”

A la mañana siguiente, justo después de clases, Cecilia se dirigió a la oficina del rector en busca de salvación. Se había puesto una blusa color beige que transparentaba el volumen de sus grandes pechos. Por si no fuera poco, llevaba su falda más corta, la de color negro que Ricardo le había regalado y que dejaba sus muslos blancos al descubierto.

“Hector es una animal estúpido. Seducirlo a cambio de favores nunca ha sido difícil.”

Cuando llegó a la recepción, Cecilia reparó en que no había hecho cita con anticipación. Era un requisito que todos los alumnos programaran una cita con el rector antes de presentarse en su oficina. La secretaria de Hector era una mujer fea y de malos modos, nunca le hacía favores a nadie. Con todo y que Cecilia lo sabía, la chica se arriesgó a intentarlo.

—Buen día, Aurora, quería saber si de casualidad se encontraba Hector por aquí, necesito decirle algo rápido.

Aurora la miró inamovible, sobre la cabeza usaba una diadema de audífonos con un micrófono que parpadeaba una luz roja.

—¿Tienes cita con él?

“Bendita.”

—No, es algo rápido, en verdad no pienso tardarme.

Adentro de la oficina se escuchaba el sonido de las teclas al escribir. Después se oyó el arrastrar de una silla y la puerta se abrió despacio.

“Se ve tan jodido.”

Hector García tenía la misma expresión sonriente de siempre, sin embargo, había algo en su rostro que denotaba cansancio. Las ojeras debajo de sus ojos eran marcadas y el pelo junto con la barba hirsuta lucían desaliñados. Dándole una mirada profunda, parecía como si el sujeto no hubiera dormido en días.

—Mi estimada Ceci.—su voz arrastraba las palabras—.No creo que sea necesaria tanta formalidad, ven, pasa. Aurora, te encargo que no me pases llamadas, esta es una visita especial.

—¿A qué debo el placer de tu visita?-dijo una vez que estuvieron sentados.

Hubo un momento de silencio.

“Es hora de poner en práctica esas clases de actuación.”

—Encontré esta carta dentro de mi mochila antier.—su voz sonaba crispada, como si guardara furia, llanto y miedo en su interior.

Cuando Hector tomó la carta en sus manos y la leyó, un miedo súbito se apoderó de su expresión.

“¡Ya lo sabe y le preocupa!.”

—Esto es terrible, Dios mío. ¿Sabes si hay más de esto?

—Al parecer las ha estado esparciendo por todo el campus. Estoy preocupada, Hector, ¿cómo es posible que un loco así ande suelto? Esto es obra de un criminal, por favor, tenemos que encontrar a este tipo. Mucho me temo que sea un estudiante de Ciudad Cereza.-una lágrima caía por la mejilla de Cecilia.

Por debajo del escritorio, su pierna desnuda acariciaba la  de su rector.

—Tranquila, Ceci, no tienes nada de que preocuparte. Te garantizo que lucharé por mantener su seguridad. ¿Qué más sabes de este enfermo?

“Bingo.”

—No lo sé.—ahora sollozaba—.No puede ser posible que pasen estas cosas, debe tratarse del crimen organizado, de algún hacker extorsionador. ¿Y si este loco ha invadido nuestra privacidad ya? Dios mío, en qué mundo vivimos. Tengo miedo, Hector, no sabemos sus intenciones ¿y si es malo? ¡Por favor, haz algo!

Como un padre protector, García se acercó a la chica y le dio un abrazo.

—No te preocupes mi Ceci. Informaremos a la policía y me encargaré de que se aumenten los protocolos de seguridad. Mandaré a buscar a este tipo y no descansaré hasta haberlo hecho. Si es un estudiante, será expulsado de inmediato, ten eso por seguro. Escúchame bien, quizás no pueda hacer esto solo, necesitaré tu ayuda.

Cecilia lo miró fijamente.

—¿A qué te refieres?

Hector sonrió.

—Tengo un plan que podría funcionar. ¿Tienes tiempo? Necesito me escuches. Esto es lo que vamos a hacer….

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