El Dragón Del Sol 17

Alberto



De las 15 salas de cómputo que existían en el campus, el cien por ciento había sido intervenido por Alberto. Todas las contraseñas, información de sitios consultados, matrículas, correos y conversaciones, eran almacenadas en una base de datos dentro su servidor privado. Lograrlo no había sido fácil, pese a las pobres barreras de seguridad de Ciudad Cereza, necesitó la tecnología de Goretti para poder accesar a los registros de los ordenadores. Intervenir los smartphones de los alumnos resultó mucho más sencillo, tan sólo fue necesario infiltrarse en la red pública de la universidad. De esta manera, mientras el dispositivo estuviera conectado a la red del campus, Alberto podía obtener información de toda conversación en WhatsApp, Facebook, SMS, Snapchat, Instagram y cuentas de correo.

"La seguridad que tanto aclaman es un gran farsa. Fue tan fácil como acceder a la red de una universidad pública”.

Las cartas llevaban dos días al aire. En tan sólo 24 horas, el Dragón del Sol ya estaba en boca de gran parte de la población estudiantil. La muchachas comentaban sobre un sujeto que dejaba cartas en diferentes partes de la universidad. "Es un hacker" decían algunos, otros (en especial los varones) aseguraban que se trataba de una broma o de un farsante. En lo que a Alberto le concernía, el plan estaba funcionando tal y como lo había planeado. Ciudad Cereza era suya, la veía extenderse bajo sus pies desde lo más alto de la universidad. 

Su siguiente paso también ya estaba preparado, y quizás fue el que llevó mas tiempo en forjarse. Alberto sabía que necesitaba un rostro y que sus interacciones no podían limitarse a un plano cibernético, también necesitaba un cuerpo.  

—Es bella.—le había dicho Goretti cuando la vio.—Es aterradora y bella.

El diseño original estaba basado en una máscara de paintball que encontró en Mercado Libre. Estaba hecha de acero y contenía un conjunto de rayones y surcos. La superficie era fría e irregular y poseía dos agujeros elípticos, allí en donde los fríos ojos de Alberto se asomaban. La máscara del Dragón Del Sol era del tamaño perfecto para la cabeza de su dueño. Con ella puesta, Alberto parecía un hombre de plata sin nariz, fiero y sombrío, un dragón de luz en la obscuridad.

—¿Será hoy?-preguntó Salvador.

—Esta noche, Hector García sabrá que su universidad me pertenece.

***

La noche era fría y silenciosa. La universidad reposaba en inmensa calma y el aire mecía las hojas con cierto cariño. Nadie caminaba a esa hora por esos rumbos, la actividad era nula, salvo por los estudiantes que habitaban dentro de las residencias de Ciudad Cereza, algunos dormían cansados, otros, bebían alcohol ilegalmente en sus cuartos. La luz de la luna y los faros del edificio de la facultad de comunicación traspasaban los grandes ventanales de la oficina principal y formaban un triángulo blanco sobre los azulejos añiles. El sujeto guardaba su cosas a obscuras, ordenaba su papeles dentro de la maleta y acomodaba su laptop en el interior de la funda de neopreno. 

“Puedo sentir su respiración oscilante. Su corazón late como latiría el corazón de un ratón antes de ser atrapado por su depredador”.

El silencio se esparcía como una niebla maldita. El único ruido era el viento, las respiración tranquila del hombre y sus manos inquietas que se movían dentro del maletín. Cuando habló, su voz sonó profunda y grave, no era la voz de un hombre, era la voz de un ser obscuro y temible.

—¿Ordenas tus cosas tanto como ordenas tu basura?

El hombre  se quedó paralizado. Era como un muñeco mecánico a quien se le acabara la cuerda. Sin embargo no volteó.

“Maldito cobarde”.

Escondido al lado del mueble trasero del escritorio, Alberto estiró su brazo y colocó dos dedos firmemente sobre la base del cuello del sujeto. El hombre alzó ambos brazos, pero no emitió sonido alguno.

—Todos los fines de semana, alumnos de la universidad compran droga a los alrededores del campus. Tú lo sabes y aceptas sobornos por ello. Por si fuera poco, hay hijos de traficantes que te extorsionan con cuotas mensuales. Tú lo sabes y lo permites. ¿Por qué?

“Tu corazón es un redoble al compás de tus miedos. Tu sangre fluye y el aire que inhalas se vuelve insuficiente. Estando aquí, el poderío de tu título se vuelve escoria.”

El hombre abrió la boca lentamente. Por un momento parecía que balbuceaba.

—Es…..es un negocio, yo, quiero decir, no tengo opciones. No son traficantes comunes, ellos, tú….me tienen amenazado. Mantengo la paz, pactar con ellos me evita escándalos innecesario, mantiene a los estudiantes seguros. ¿Quién eres tú?-su voz sonaba suplicante.

“Bastardo”.

—Tu seguridad es basura. ¿Y del dinero que recibes?, ¿eso también te tiene amenazado?, ¿proteges  bien a las estudiantes con las que te acuestas?

El sujeto tragó saliva con dificultad.

“Eres mío."

—¿Qué rayos quieres maldito?

Alberto presionó el cuello del aquel hombre con sus dedos.

-Soy de los que piensan que recogiendo la basura se limpian las calles. La corrupción no es exclusiva de los altos funcionarios, empieza aquí y termina más arriba.

El Dragón Del Sol escuchó como el agua de la vejiga del sujeto caía en el suelo. Aun en la obscuridad, el hombre de plata vio como sus pantalones se humedecían con orina.


—¿Qué es lo que quieres maldito?-sollozó.

“Te quiero afuera del juego”.

—Quiero el miedo que recorre tu sangre. Quiero verte pagar tus deudas hasta el último centavo.

—No tengo dinero, no puedo darte lo que quieres.

“Genial, además es estúpido”.

—Tu dinero me importa tanto como una lata de sardinas. Quiero cambiar esta porquería a la que llamas universidad. Acabaré con la escoria que estrangula esta escuela y sacaré sus trapos al sol. Quiero una ciudad en donde empresarios y políticos corruptos me teman. ¿No te ha quedado claro? Quiero un Querétaro sin mentirosos y empezaré desde los más bajo, desenmascarando la más leve de las faltas civiles, desde los infieles, hasta los cobardes corruptos como tú. En escala real me es complicado demostrarlo, pero Ciudad Cereza es una pequeña muestra de lo que podría hacer con la ciudad entera.

El hombre de barba hirsuta soltó un soplido. Alberto lo interpretó como un intento de lloriqueo.

—Estás enfermo. Eres un loco,  eres un maldito…..un maldito sociópata.

“Bingo.”

—Tal vez lo sea, pero si fuera tú, no lo diría mientras el loco me sujeta el cuello en medio de la obscuridad. Soy bondadoso, Hector, te daré tiempo para pensarlo, pero ten la seguridad de que tarde o temprano la verdad saldrá a la luz. 

Al decir esto, Alberto arrojó un conjunto de documentos y fotografías sobre el escritorio de García.

—¿Qué es eso?

“Tiene que ser una broma”.

—Tu perdición o tu salvación. Míralo con filosofía, Hector.

Esta vez era una súplica desesperada.

—¿Quién carajos eres?

Las bombas de gas lacrimógeno son pesadas, pero son del tamaño suficiente como para transportarlas en bolsos pequeños.

—Yo soy El Dragón Del Sol.—retumbó su grave voz.

El gas brotó del suelo como una pila de arañas que trepaban el aire. Por un momento todo se volvió brumoso y espeso. Alberto se desplazó por debajo del escritorio ágilmente, llegó hasta la puerta y corrió fuera de su alcance. Su corazón latía fuerte, pero no había miedo en su latir. Todo estaba en calma, tan tranquilo como un estanque. La capa obscura que había diseñado, lo envolvía como una sábana envuelve a una cama. Y ahí, bajo el peso de la noche, Alberto volvió a ser él, un destello plateado en la negrura nocturna, una sombra de luz, un zorro de cola blanca que se escabullía con magia. No, era más que eso, Alberto lo sabía, era más que un zorro de cola blanca, él era fuego, era hoguera de lava y sangre, él, era un Dragón Del Sol que habitaba la estrella ardiente del cielo. 

“¿Crees que todo esto tuvo que pasar para que nos conociéramos?”.— resonó la voz de Xiadani.

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