Las fauces




Hay que perdernos en un taimado ímpetu, en una noción agreste que rompa nuestros esquemas. Sé la razón que las fauces quiebre de nuestro sainete, de nuestra farsa urdida y palurda. Ven, hablemos de lo inusual, asolemos el avezado andar que hemos profesado. Ven, háblame de tu canción favorita, conviértete en la infinita figura de mis caprichos. Desdóblame o cómeme, subyuga mis deseos y escúpeme fuego en las entrañas. Ven, oprímeme el alma, siéntete tan mía que ya no sepa a dónde ir.