Máscaras



Por Alberto Catarrivas.

Todos conocemos las máscaras. Son aquellos artefactos que usamos para ocultar nuestro verdadero rostro. Se usan para ocasiones especiales. Pero no hablaré del papel pintado y decorado, sino de aquellas máscaras que inconscientemente o conscientemente nos ponemos en nuestro día a día y que en realidad son formas de evitar u ocultar nuestra verdadera personalidad. Los estados de ánimo, no caben en esta mención, porque son parte del estar vivo. Entonces, son aquellas formas que adoptamos, máscaras, disfraces que nos colocamos con el fin de incluirnos en un grupo, sentirse sobresaliente como cuando queremos entrar a una fiesta, nos queremos vestir ad hoc pues igual pasa en la vida cotidiana, y la gran fiesta se llama vida social.

Orígenes

Se puede entender el fenómeno descrito anteriormente desde diversos puntos de vista. Me gustaría aproximarlo por algunos ángulos que de una u otra forma se pueden entrelazar de forma interesante. Iniciaré por el biológico.

Aunque no se percate uno, la realidad es que tenemos una condición de seres vivos que no siempre es bien aceptada. Pero conservamos rasgos de seres evolucionados que no dejamos de tener. Poniéndolo más en concreto, requerimos de cuidado, pertenencia, éxito como muchas especies de otros seres vivos. Nos podemos ver, en cierta medida reflejados en ellos. Pero esperen, no vengo a decir que somos iguales, algo de lo que nos hace humanos es tener una división de nuestro cerebro. Según el libro Move Up por Andrés Roemer y Clotaire Rapaille, nos hemos configurado a tener 3 sectores del cerebro. El reptiliano, que es el más primitivo y al que hay que proporcionar de lo más básico, necesidades biológicas. El segundo es el límbico donde surgen las emociones y sentimientos. El tercero es el córtex donde pueden pasar los pensamientos y la creatividad que nos ha llevado a ser tan innovadores como lo somos. Pero hay malas noticias para algunos, y es que el reptiliano siempre gana, de acuerdo al libro. Ya que pareciera que en realidad no somos tan racionales como lo creemos, nuestro deseo de pertenencia, una máscara que vamos adoptando es imprescindible, ¿Cómo ganarle a esto? Afortunadamente podemos conciliarlo con el córtex.

Una de las necesidades que he citado, se traslada a la fiesta llamada sociedad, a la que queremos asistir y ser parte pero tendremos que adoptar sus reglas de modo de poder entrar.

¿Cuáles son esas reglas? Nadie las puso, no hay autor, así que no podrán echarle la culpa a nadie. Fue más un sistema creado por una nación. Lo que nos lleva a un poco de historia.

“Serás todo lo que quieras ser.”

Estados Unidos 1776, se proclama una nación independiente, con ella se adopta un pensamiento de que, entre otras cosas, todas las personas son iguales, pero esta idea es especial para lo que quiero tratar. A partir de este momento en este lugar del mundo, se implanta la idea de que todas las personas son iguales, y que no “importa de dónde vengas, con suficiente trabajo y talento uno puede llegar a ser lo que desees” tomado de “Ansiedad por el estatus de Alain de Botton”.

En un lugar occidental como lo es México, y tan pegado a la cultura estadounidense esta es la regla principal de la sociedad de hoy en día. Es fabulosa, la gente que está más acaudalada debió merecerlo todo y la gente que no pues merece pertenecer ahí. Por otro lado esto es muy peligroso. De forma que hacemos varias cosas como disfrazarnos y enmascararnos para ser de esos exitosos, aunque por el momento no se pueda. ¿Cómo se relaciona esto con “Orígenes”? Bueno, ese deseo de éxito de pertenencia biológico se traslada a uno social y que tiene la explicación histórica. En un mundo de “iguales” oportunidades ser un “fracaso” o no ser exitoso es una decisión de cada individuo y será mejor sentirse bien. Así que vamos a la tienda de disfraces.

“El sistema de hoy te persuade a gastar dinero que no tienes para comprar cosas que no necesitas para impresionar a gente que no le importas”

Si alguna vez se tiene la oportunidad de ver la película “Hombre da familia” protagonizada por Nicolas Cage, encontrarán un ejemplo de lo que dice la frase. Él es un hombre muy adinerado que vive solo y no le preocupa nada más que sus negocios. Un día se va a dormir y despierta con familia. Todo es un sueño. Para no contarlo todo, extrañando su vida, va a un centro comercial y con un traje muy caro al ponérselo dice “Realmente me siento mejor persona”.

Hoy en día mucho del éxito en general se ve plasmado en la cantidad de bienes materiales que se posean. En esta fiesta social uno quiere ser bien visto por que el rechazo como lo menciona William James en “Principios de psicología” es tan doloroso o más como cualquier dolencia física intensa. O la frase que dice: “Cada que un amigo trasciende, una parte de mí se va muriendo”. Puede parecer envidiosa, pero normalmente así funcionamos. Con los más allegados, el fenómeno parece ser más agudo pues los vemos más cercanos por eso en las reuniones sociales o familiares oímos mucho de lo que han conseguido y es materialmente. Poco oímos de lo que se piensa de alguna idea, libro o hecho. No son para eso las reuniones así.

Así que las máscaras van desde artículos, publicaciones en redes sociales de lo que uno hace, o hasta el cambio del estilo de vida. El punto es informar al otro de forma obvia cómo le va a uno en la vida.

Se creerá que estoy en contra de todo esto. Realmente no, lo hacemos de manera tan inconsciente que es difícil hacer la reflexión. Además de que no es común que pensemos a cada paso de lo que hacemos. Lo que sí es dañino es la parte en la que se puede caer en mucho consumo. En donde caben dos pequeñas anécdotas. Imaginen la situación.

Esta una persona (A) discutiendo con otras señoras (B y C) sobre la manera en que deben llevarse las operaciones en un condominio. No le hacen caso, además de que y ya existían disputas entre esta persona (A) y las otras dos (B y C). Pues la persona en mención (A) realiza el comentario: “Algún día tendré una casota y una camionetota para que vean quien soy.”

Y yo pienso (a manera de broma) “no señora desde aquí la veo, no necesito que se suba a una, la reconozco perfectamente.”

Se ilustra la manera en la que se concibe el éxito y también el fracaso, es peligroso creer que no puedes ser reconocido si no tienes éxito material, y la señora lo sentía para decir tal comentario.

El segundo caso.

En una tienda de una marca de prestigio se le vende a un cliente la idea de que en tal carro se verá como alguien importante, hasta en algunos comerciales se menciona cuantas mujeres por kilómetro rinde el carro, dando a entender como lo verán. Por otro lado en Londres, se le entrevista a un pastor cómo percibe lo de los automóviles El contesta que le interesa únicamente que lo lleve y que lo traiga y se ve claramente por que su modelo no pasa el año 1980.

Realidades

¿Qué se puede hacer para “escapar” de esta trampa social? Primeramente, sin duda es darse cuenta de esta situación, que normalmente es a edades maduras de una persona. Más adelante puede cada quién involucrarse con personas afines. Como muy bien lo menciona Óscar de la Borbolla en su libro la Libertad de ser distinto, en su capítulo “Espejos” explica que encontramos estos objetos que nos reflejan, y que resaltan nuestras características. Bien los podemos encontrar con personas que se parezcan a nosotros, que compartan nuestra ideología con el fin distanciarnos un poco de esta necesidad imperiosa de sobresalir por lo material, a fin de cuentas que la realidad la asimilemos en el mismo contexto. Porque parece que hubiera distintas realidades, cada quien viéndola desde matices distintos, no defendiendo una postura, aquí se defiende esta: hay que aceptar nuestra naturaleza, única realidad, pero siendo observadores distintos asimilándola a algo menos efímero, nos podemos ir a otras “fiestas” conciliarnos el reptiliano y el potencial creativo y adquirir máscaras más duraderas.