El dragón del sol 6

Ricardo y Tom Tom



La mañana era extraña, el clima se debatía en la ambigüedad de hacer frío o calor. Y en medio de todo ese alboroto estaban ellos, sentados en las mesas de piedra de Ciudad Cereza. Ricardo estaba detrás de Valeria, abrazándola por la cintura con firmeza. Cecilia, por su parte, hablaba con Tom Tom mientras navegaba con su laptop.

—¿Y qué tal las vacaciones? -preguntó Cecilia.

Moviéndose rápido y como un león que ataca a su presa, el chico dirigió un beso fugaz cerca de la oreja de Valeria. Por desgracia para Ricardo, la joven se apartó al instante.

—Amor, espérate -hizo una pausa. —¡Bien!, la navidad fue en Querétaro y el año nuevo en Guanajuato. Fueron semanas de serios y libros.

Cecilia asintió.

Hay veces en que los hombres son estúpidos; y en esta ocasión, Ricardo no fue la excepción. Sin dudarlo ni un poco, el chico volvió a insistir en besar a Valeria. 

"Ricardo, espérate."

Esa fue la respuesta de su novia.

Una última oportunidad, un última tentativa, de nuevo la negación de la chica.

—¡Ricardo, ya!

Resignado, Quintana se alejó de ella. Unos segundos después la miró y dijo:

—¿Te cuento un secreto?

Cecilia los miraba de reojo, fingía estar absorta en su labor de ocio. Mientras lo hacía, vio como Tom Tom se aproximaba a los labios de Ricardo para escuchar el secreto. Quintana susurró algo ininteligible al oído de su chica y Valeria adquirió un gesto extraño.

—Estás loco. ¿Sabes qué? tengo hambre, ven, vayamos por algo.

Antes de irse, la chica se volvió hacia Cecilia.

—¿Quieres algo, Ceci?

Caminaron tomados de la mano en dirección a la tienda. El ambiente olía a sueños, a inexperiencia, a decepciones e ineptitud. La papelería se alzaba como una isla en medio de los pasillos abarrotados de estudiantes. Al llegar al muro que separaba los edificios, Ricardo empujó a Valeria contra la pared e intentó besarla una vez más. Tom Tom alzó la voz.

—Ricardo, ¿qué te dije? sabes que yo no soy así. No me gustan las demostraciones públicas de afecto ni que me presionen.

Quintana soltó un bufido.

"Otra vez con eso, niña necia".

—Ay, estábamos en frente de tu mejor amiga, a ella ni le importa.

—¿Y qué? ahorita no quiero y punto. Además es tu hermana, ¿qué va a pensar?

—Tom Tom, por el amor de Dios, somos novios.

—Sí, pero no por eso tienes que estarme besando y tocando cuando tú quieras. Odio que me presiones.

—Lo que pasa es que a veces siento que no me quieres.

Aquello había sido suficiente, ¿por qué seguía soportando todos su berrinches?

—Ay, por favor, ¿otra vez con eso? mira, Ricardo, hay personas que demuestran su afecto de otra manera. Yo no soy tanto de demostraciones físicas. Lo sabes, siempre lo supiste. Cuando apenas estábamos quedando siempre querías despedirte de beso y sabías que me incomodaba, pero insistías e insistías. Ya me cansé, me irrita tanto que invadan mi espacio.

"¿Ya conoces todas las formas que tengo para decirte te amo?"

Quintana la miró con falso arrepentimiento.

—Perdóname mi amor. Es que me encantas y a veces siento que sólo yo aporto en nuestra relación.

—Mira, ya, no quiero discutir, pero en serio no vuelvas a insistirme otra vez, ¿okay?

Era en esos momentos en los que recordaba por qué lo había elegido a él entre todos. Era con él con quien quería estar, con nadie más. Y le gustaba eso, le gustaba la extraña entidad que representaban, aquella relación de agua y aceite.

"Somos tan diferentes. En el fondo, eso es lo que lo vuelve interesante".

Y mientras pensaba en todo esto, Tom Tom le regaló a Ricardo el beso más tierno que jamás una mujer podría darle a un hombre.

—Je t'aime, ya, no seas tontito.

Ambos sonrieron y continuaron caminando tomados de la mano. Al final era eso lo que importaba, estar juntos y volver a encontrarse como realmente eran.

—Entonces, ¿te cuento un secreto?

—¡Ricardo!—dijo Tom Tom mientras lo empujaba juguetona.

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