El dragón del sol 10

Alberto y Xiadani


La mañana era fría. El aire se mecía como un péndulo siendo esclavo de los caprichos de Dios. Había una silla de madera, sobre ella, Legaspi estaba sentado con los brazos sobre las rodillas. La mujer de cabello como los rayos tardíos del sol y piel nívea, apareció entre las fauces de la niebla.

-¿Qué haces aquí?-preguntó Xiadani.

Alberto contestó sin verla.

-Escapando, construyendo un legado.

Xiadani sonrió.

-No encontrarás consuelo en Querétaro, mucho menos en Ciudad Cereza. ¿Acaso sigues pensando que fue tu culpa?

Legaspi se miraba las manos como si analizara los movimientos de sus articulaciones.

-No busco un consuelo. Quiero empezar de cero, olvidar todo lo que pasó.

Xiadani suspiró y se sentó a lado de Alberto.

-No fue tu culpa. No pudiste hacer nada, no eres Dios, no puedes controlarlo todo. Por más que huyas y vuelvas a empezar, si no lo aceptas, jamás volverás a ser feliz.

Alberto volteó a verla. Sus ojos estaban húmedos y un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas.

-¿Cómo quieres que lo olvide, Xiad?-preguntó Alberto sollozando. 

La miró fijamente y continuó.

-Gibrán ganó, te deje morir y no pude evitarlo.

Xiadani lo miró con ternura, le pasó la mano por el rostro y le limpió una lágrima con sus delicadas manos.

-Déjame ir. No soy una carga, suéltame, déjame ir. No todo está perdido, aún te he visto sonreír, he visto un poco de luz en tu obscuridad cuando hablas con esa chica. ¿Cómo se llama?

Alberto sonrió.

-Valeria... Tom Tom.

-¿Es especial para ti?

Alberto asintió.

-Ella es un rayo tornasol en un cielo frío y vacío.

Xiadani lo seguía mirando dulcemente.

-Entonces conviértela en tu fuerza, en tu inspiración. Quizás su luz pueda hacerte aceptar lo que pasó.

La chica hablaba tan tranquila como siempre, con esa voz serena y cálida. Alberto la tomó de las manos y dijo.

-¿Te digo algo curioso?

Xiadani afirmó con un movimiento sutil.

-Hay una chispa en la personalidad de Tom Tom....- dijo Alberto sin dejar de tomar sus suaves manos.

La chica arqueó las cejas.

-¿Ah sí?-preguntó-.¿Y cómo es?

El chico curveó los labios con cierta felicidad.

-Para serte sincero, Xiad, hay algo en ella que me recuerda un poco a vos.