Avezarte




Tendrás que acostumbrarte a mi desvarío, a esta necesidad vehemente de procurarte y de consentir tus caprichos nimios.  Lo siento, pero tendrás que aceptar este menester de tenerte tan mía; tan luz, tan obscuridad aplastante en mis horas alborozadas.

En verdad lo lamento, pero tendrás que habituarte a mi hormiga, a esta pequeña roja que recorra tus planes sin previo aviso, tan repentina, tan viva que dudes del origen de mi inexcusable sentir.

Pero en el fondo deseo, anhelo el eso que te he construido en mis horas más amargas. Nuestras cosas regadas por el departamento y el olor de tu pelo recién te bañaras, los ojos que me miraran dulce, suave como el rocío. El sol en tu cara nívea y la calma de dos personas que se amaran inmortales con la noción del futuro en una celeridad mental. Así te he imaginado, ambos tomados de la mano sin miedo, esperando a que las clases acabasen y resolviendo cenar en nuestro hogar de ilusiones. Así te miro, con los ojos hinchados de orgullo y el cabello quebrado, la ropa insustancialmente lavada. Seríamos nosotros, el ellos de sus palabras, el motivo escueto de su infame envidia.

Perdóname, pero tendrás que avezarte a mis rutinarios cumplidos, a mi necesidad de quererte. Así es y así será, y no cambiaría nada porque lo tuyo es tan mío. Lo siento, pero tendrás que acostumbrarte a que te quiera todos los días como si fuera el último día.