La efigie de la masturbación.



Esta sería como "La pieza de un hombre que mira su basura desde un espejo" pero me resulta demasiado fácil, demasiado predecible en esa famosa escala de A+B y que el A más B no es igual a C, sino a un elemento ajeno e inesperado. Entonces se me ocurre "El hombre que se sienta sobre un colchón manchado" y me parece más aceptable. Podría comenzar con todo ese juego de seducción, la palabra y el verbo conjugado en múltiples formas, pero me parece aburrido, gastado y mutilado. Mejor comienzo así, de una forma más sencilla.

La biografía de un retrato "irretratable" (me gusta) la odisea poco extraordinaria de un sujeto que se masturba y observa todo ese líquido espeso brotar como el llanto de un adolescente. Chorros y recuerdos, la cama sin hacer, la apatía colgada en el perchero y su espejo lleno de manchas de jabón.

Ahora surge el remordimiento, las frases en la cabeza, la mano que ahorca con descaro. El hombre que se despierta a media noche a cumplir sus sucios deseos (qué repetitivo, borro, comienzo de nuevo).

Esta es la fotografía de una entidad obscura que deambula hacia el refrigerador para redimir sus culpas. El abrir y cerrar las puertas con desesperación en busca de consuelo. La asquerosa existencia (ontológicamente hablando, en ese espacio y ese tiempo) del hombre que se enfunda en su cama y toca la punta de su pene con el dedo anular, húmeda, caliente, sensible.

La historia de una entidad cualquiera, que se abre y se cierra, que se contrae para hincharse de porquería y que se cierra para no dejarla ir. El guión de un muchacho que escribe sobre la cama con los calcetines sucios. No hay nada allí dentro, sólo más palabras, la sensación de tener el cuerpo cortado, y el espíritu fragmentado. Qué asco le ocasiona el calor que se siente entre las piernas cuando está en esa posición tan incómoda.

Ahora llega el momento de la recepción y allí está él. Él, tan pulcro, tan limpio, tan lleno de monedas en las bolsas y un teléfono anotado en un papelito naranja dentro de la solapa del saco. Qué nauseas sentir su cuerpo sucio, la cama llena de semen y pelos. Qué nauseas despertar ansioso, desvelado, sintiéndose víctima al ser victimario. Qué nauseas vivir así, en una vertiginosa adicción,un escándalo negro que desgaja la marcha del tiempo y lo entorpece todo.