El dragón del sol 3

Tom Tom 




Todos los días despertaba a la misma hora, no importaba si hubiese dormido tarde. Era una persona de rutinas y tradiciones, le gustaba que fuera así y no se sentía cómoda si algo se salía de lo habitual.

Rivadeneira estaba sentada en la mesa del comedor. La mañana era fría y los rayos del sol se colaban por las ventanas de la casa. Tom Tom era una mujer menuda. Sus grandes ojos ardían como las llamas de una chimenea en una danza infinita, tan marrones como el café y tan claros como un diamante.

Mientras tomaba su desayuno -un vaso de jugo y una manzana roja como un rubí- su madre arreglaba unas cosas en la cocina. En el fondo quería hablarlo, tenía días que quería decirlo, pero siempre se arrepentía justo cuando se disponía a articular las palabras. Era como si el miedo desapareciera cuando no decía lo que realmente pensaba.

—Madre.-llamó Valeria. 

Su voz era dulce y suave.

"Mi voz es horrenda."pensó.

Su madre respondió, absorta en sus labores caseras.

—Dime, princesa.

Tom Tom miraba la manzana bermeja con detenimiento absoluto, como si estuviese tomando fotografías mentales de la fruta que estaba dispuesta a comerse. Cuando comía, masticaba con calma y de vez en cuando arrugaba la nariz tiernamente.

—¿Tú crees que en verdad logre conseguir un empleo?

Su madre la miró desconcertada.

—¿Por qué lo dices?

—No sé, es que me pongo a pensar que ya me gradúo y me causa tanto estrés. No sé, mamá, uno esperaría que al graduarse ya tuviera trabajo, solvencia económica , independencia, etc ¿Y si no consigo trabajo y me quedara de zángano viviendo en casa de mis padres? ¿Me entiendes? Tengo muchos planes y sueños, pero todo parece ser tan complicado ahora. 

Su madre la miró fijamente.

—Ay, criatura del señor. Comienza con esta simple pregunta, ¿cómo te ves en 5 años?

Tom Tom sonrió.

—Me gustaría estar trabajando o estudiando en el extranjero. Rodeada de amor del bueno, de amigos, de ustedes. Ser una empresaria exitosa y seguir bailando como hasta ahora lo he hecho. Son tantas cosas que ya ni sé.

—Y estoy completamente segura de que lo lograrás, pero primero hay que graduarse. Así que ni te preocupes por eso ahora.

"Mi madre siempre sabe decir las cosas. No es lo que dice, sino cómo lo dice. A pesar de todo nunca logra tranquilizarme."

Rivadeneira suspiró,

—Lo intentaré , I promise.

Le gustaba armar frases con palabras en diferentes idiomas. El francés era su favorito, el inglés era casi como su lengua materna y también hablaba portugués. Los idiomas habían sido su mejores amigos desde pequeña.

Cuando la miró, vio que su madre volvía a la cocina y abría el refrigerador.

—Tengo que hacer el súper, ya no tenemos leche. Bueno, al rato que me desocupe lo hago. Oye, flaca….

—¿Hmm?- preguntó Valeria.

—¿A qué hora entras hoy?

—Tengo clase a las 4.

—¿Vas a comer aquí?

—No, voy a comer con Ceci.

-Sólo no llegues muy tarde, acuérdate que tu hermano quiere que vean unas películas.

Tom Tom asintió con la parábola de su sonrisa.

—Ni cómo olvidarlo. 

Valeria Rivadeneira suspiró de nuevo. Se imaginó caminando en una cuerda floja e inexistente de boyas amarillas.


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