Confrontando la fragilidad




Como siempre mi pequeña luna, enloqueciéndome, mareando mi sano juicio. Dando vueltas a mi alrededor, robándose toda mi atención. Ella es toda mi luz. Y todo aquello en ochenta centímetros de energía incontenible, de ternura irrefutable. Mi luna, que puedo decirte más que eres la viva imagen de tu madre, de mi sol.

Luna: Papá, ¿la mamá de Lucy se fue al cielo?

Silencio por un par de minutos.

Él: Es complicado, bebé. Su cuerpo ya estaba muy cansado y ahora, está descansando. Esperándonos. Algún día todos estaremos con ella. Ese día es muy lejano. ¿Qué piensas mi amor?

Luna: Lucy estaba muy triste porque su mamá se la pasaba todo el día en la cama. Ya no jugaba con ella. Lucy le decía que quería jugar, que la quería abrazar, pero su mamá le decía “no puedo” y “no puedo” y Lucy lloraba mucho.

Él: ¡Qué difícil para Lucy!, su mamá estaba muy enferma. Todo le dolía. No le decía “no puedo” porque no quisiera. Seguro ella quería abrazarla mucho, pero le dolía.

Luna: Sí, papá, pero ya se fue al cielo. Tú nunca te vayas al cielo. Quiero que siempre te quedes conmigo. Cuando sea grande me voy a casar contigo porque la gente se casa porque se quieren y yo siempre quiero jugar contigo.

Él: ¡Ay mi amor! Vas a ver que algún día vas a cambiar de parecer. Pero mientras abrázame mucho, te amo mi lunita.

Luna corre y lo abraza fuertemente. Él también lo hace mientras contempla lo pequeña que es Luna, lo bella que es, la ternura que le inspira, la explosión en sus entrañas de tan sólo pensar en tener que partir estando ella tan pequeña, se da cuenta que desde que nació Luna, a él le aterra la muerte. Piensa en lo rápido que pasa el tiempo y lo doloroso que es decir adiós para siempre. Pasa por su mente en la fortaleza y energía, cuando niños. En lo rápido que sanan sus lesiones. En el tiempo que los padres pueden cuidarlos (y que si no lo siguen haciendo, no es porque los padres no lo quieran; sino porque deben prepararlos para el momento en que lo finito, finiquita).

El abrazo se prolonga por casi un minuto. Un momento de amor puro. El abrazo es interrumpido hasta que Luna lo decide mostrando la verdadera intención por la cual Lucy era tema de conversación (por supuesto, ella no lo pensó así).

Lucy: Papi, no quiero que te mueras.