Estratificación de los trapos

Los trapos son utensilios idiotas, todo el mundo lo sabe. Poseen la fama del forastero que se esconde bajo la sombra del trebejo y la detracción. A veces se aprecian como una bagatela, con poca enjundia se han hecho retrato de estos habituales artilugios, tan cotidianos como la luz septentrional en las grandes ciudades bañadas del sol envidioso.


Desde el inicio de los tiempos se ha sabido de la existencia de los trapos, ya se hablaba de ellos en la antigua Grecia y en su filosofía, incluso en tiempos de Jesucristo hubo trapos muy famosos entre sus discípulos. Y es que los trapos son tan versátiles, dependiendo de su composición, su naturaleza y su área, los trapos pueden causarnos diversas sensaciones. Entramados como artículos que sustentan el poder androcentrista, detestamos los paños para limpiar, a este tipo de paños queremos verlos quemar bajo la estufa ardiente (sugestiva paradoja), tan ardientes queremos desgarrarlos cuando los vemos encima de un cuerpo desnudo. 

No se puede juzgar el universo del trapo, ni omitir la relación dependiente del trapo y el universo del arte. Encasillados como lo que son, estúpidos retazos de tela, los trapos han presenciado guerras y dictaduras, placeres y festines. La independencia del hombre se vestía de trapos muy holgados, aun se especula que la realeza encabeza una obsesión por los trapos. Por ejemplo, en un palacio donde el esplendor y la miseria se estrechan los brazos, podemos observar la manía de la suntuosidad de los trapos, hay trapos de buena gala para encabezar discursos políticos, magnates vestidos de mucha cuantía, y no nos olvidemos de las lujosas ventanas adornadas con cortinas, y de los cientos de esclavos luciendo sus trapos para desengrasar la cocina. Al final de cuentas, en esos ambientes suntuosos, el valor del trapo y el esclavo se reduce a qué tanto puede limpiar la mugre.

Se conoce que en el repertorio cultural existe el trapo coronado de diferentes formas. Ya hemos escuchado decir a los ciudadanos "Me he colocado mis mejores trapos para la fiesta", una frase tan poética que protagoniza la tradición local. Por otra parte, también existe una frase del repertorio popular, menos estética, pero no por ello menos importante: "Estás hecho una piltrafa hoy". En fin el repertorio de los trapos es muy diverso, existen tantos tipos y clases, que no sería capaz de describirlos todos. El favorito de muchos es el trapo sostén, aquella prenda maravillosa de algodón que abraza al seno de manera espléndida, como una copa de terciopelo de diversos colores que protege a su esfera con suavidad. De hecho, muchos han llegado a perder la cabeza por intentar revelar el misterio que protege un buen sostén, aunque se rumora que los amantes se despojan de todos sus trapos con indómito fervor y ternura.


A pesar de todo, la historia de los trapos no ha sido documentada nunca, quizás porque la realidad es que son universales. Vaya a usted a la comunidad más pobre del mundo y se dará cuenta de que los trapos nunca faltan. Es verdad que en algunos países existen en diferentes materiales y colores, pero el trapo es el trapo, ya sea de seda o algodón, el felpudo paño sigue siendo un objeto idiota. ¿Pero qué sería de la existencia sin un trapo? Todos nosotros hemos tenido nuestro primer encuentro con el trapo. ¿Qué puedo decir? el primer encuentro con el trapo es maravilloso. Algunos sólo se quedan mudos, únicamente admirando la bella simplicidad del artefacto peludo ese. Desde ese momento se forma una relación eterna con el trapo, y no nos damos cuenta de cuantas veces tocaremos, hablaremos, quemaremos o necesitaremos del trapo. En resumen el motivo es el trapo, siempre ha sido el trapo, la existencia es el trapo y del trapo emana la versatilidad de la creatividad humana.

Para concluir, piense un momento en la vida de un trapo. ¡Vaya! la vida de un trapo es tan diversa, desde que nace se sabe que puede tener múltiples personalidades, desde fungir la labor de limpiar sangre en una sala quirúrgica, hasta la hermosa tarea de ser el canvas nocturno del artista. Al final del día, la próxima vez que se encuentre con un trapo, desprécielo, ámelo o simplemente utilícelo, sólo basta con recordar que los trapos siguen siendo artículos estúpidos.

fotografía: especial