Ficción: Carta mal entregada.


Hace mucho, unos años, escribí una carta. Esa carta fue enviada junto con muchas más, pero luego de dos años recibí la noticia horrible de que no fue entregada, me sentí impotente con ganas de ir hasta la misma casa destinada y tirarle en la cara la carta tan preciada, no fue culpa de los carteros, quizás fue la culpa de esta dama que se expresó terriblemente mal sin saber que quizás el dueño no me correspondería.

No lloré, no grité, me callé. Enmudecí por horas y cuando no pude soportar la banda de sentimientos contradictorios salí de la casa, tomé un micro y fui al mar, mejor dicho un rió muy sagrado para mí. Había un chico con los brazos cruzados sobre el pecho y sus piernas agazapadas, miraba el horizonte como esperando algo sobre la pequeña parte verde cercana al rió.


Me acerqué a él, furiosa con los brazos debajo del pecho y en una mano la carta. No le dije nada, sólo miré por minutos quizás horas, no lo sabía.

-¿Qué tanto miras?-me preguntó sin dejar de admirar el bello horizonte.

-Tanto como quiero, idiota.-escupí, él se dio vuelta.

-Cloe...

-La misma. ¿Puedes decirme tú, vil estúpido, por qué desprecias mis sentimientos?

-Yo no los desprecié.-respondió claramente confundido.

-¡Claro!  Y regresarme la carta con un mensaje al cartero que si mal no recuerdo decía "No vuelvas a enviar más una carta ni a llamar a este remitente",  no es despreciar.

-Cloe... eso fue hace más de dos años. Mis sentimientos han cambiado, todos los días vengo aquí a pensar en nosotros.

-No hay un nosotros.-lo corté.-¡Y nunca lo habrá! me despreciaste una vez ¿Por qué debería creerte cuando me dices que tus sentimientos cambiaron? No puedo simplemente creerte, Will.

-Solo créeme por un momento.-suspiró -. Ven, siéntate a mi lado te contaré la verdad, la parte verdadera de está historia. No dudes, no temas.

Dudé un momento para mi pesar, pero luego me senté con las piernas detrás mío a su lado. El siguió mirando el horizonte un buen rato y cuando pensé que sólo era otro de sus juegos, cuando me disponía a pararme el me miró quitándome el aliento por varios segundos.

-Hubo una chica, una chica temeraria, de pocos amigos y muchos libros, que me quitaba el aliento con sólo ver su belleza. -bajó la cabeza -Y luego llegó otra chica que era todo lo contrario que la primera ,chica impertinente, social, y hueca. La segunda chica le dijo al chico que la primera sólo sería un estorbo para su futuro y el le creyó, cuando la primera chica mandó una carta, la segunda chica la recibió.-cogió mi mano -El chico no supo de la carta sino hasta el primer año de su existencia.

-Will...

-Déjame terminar. Y cuando lo supo ya era tarde, creyó todo tirado por la borda, la chica hueca quedó embarazada de un bastardo que por desgracia tuvo que hacerse cargo y por alivio, luego de casarse con la segunda chica, ella murió. Se que será cruel pensar en alguien muerto como un alivió, pero el lo pensó así. Pasaron meses en los que el chico sólo trabajaba y cuidaba del niño y cuando el dulce recuerdo de la chica temeraria lo atacaba el huía de ese martirio, no se podía permitir pensar en ella ya que no estaba más en su alcance.

-Ella todavía estaba en su alcance, no sé que le hizo pensar aquella estupidez.

-Te creí perder, Cloe, me sentía vació... incompetente, inútil. Una lata entre miles de pinches, me creí... me creí... creí no poder volver a amar nunca, pero aquí estas mi bella chica temeraria. -acarició mi cara -Nunca dejé de quererte, nunca dejé de amarte, de añorarte, de extrañarte. Sólo por culpa de una carta mal entregada, fui cegado por el vació de un año perdido.

-Will... Yo no lo sabía.

-Cada año, cada atardecer vengo a recordarte en este preciso lugar, y temo...-soltó mi manó para acariciar mi cara.-Que no seas real.

-Lo soy. Soy real, siempre seré real si tu lo quieres. Espere dos años por una carta así, por saber tu respuesta a mis sentimientos.

-Y ahora lo sabrás.-corrió mi cabello cenizo.-Con este beso, responderé a tus sentimientos, si aun lo deseas.-se acercó a mi cara, prácticamente podía oler la menta de su boca con el olor a pasteles impregnados en sus pestañas largas.
-Lo deseo, mi caballero, así como deseo el aire para vivir.-Llevé mis manos a su cara, acercándolo más.-Como siempre lo desearé.

Nos besamos, mariposas muertas reviviendo en mi estomago, mi cabeza despejándose de dudas sin sentido alguno, mis mejillas sonrojadas con hoyuelos de alegría en mis labios. El también sonreía, yo lo sentía sin mirarlo. Giré mi cabeza y lo acerqué más a mí, consciente de que mis pulmones dejarían de tener aire en pocos segundos, pero no queriendo dejar de besar a mi caballero castaño.



Y todo fue por una carta mal entregada que mi historia de amor se fue atrasando, pero se bien que, a pesar de tardar diez años más en recibirla, el me estaría esperando.

-Te he esperado tanto, Will, sentía que mis noches carecían de estrellas, que mis días se quedaban sin sol alguno. Pero aquí estas, te extrañé tanto.-le dije luego de nuestro largo beso y con las frentes juntas.

-Yo te extrañé mucho más de lo que pudieses imaginar, fui tan ciego, pero ya volví a ver la luz en tu mirar.

Luego de eso nos quedamos admirando nuestro lugar secreto, puro y hermosamente extraño con su pequeño rió contrastando con el cielo y sus árboles contrastando con las flores coloridas. En un silencio cómodo nos mirábamos sonrojados, sentía que había pasado horas desde que me volví una fiera y fui hasta allí. Pero si no hubiera ido ¿Hubiera cambiado algo? Eso no lo se, pero me alegro de haber ido porque si no lo hubiera hecho no me hubiera casado días más tarde. no hubiera tenido una hermosa hija que jugaba alegremente con aquel que mi caballero llamaba bastardo. Quizás no hubiera tenido novios nunca porque mi corazón sólo pertenecía a William, sólo a él y a nadie más.