Darcy no era de fiar.




Llueve, él está afuera

Me espera empapado tanto de sudor como de gotas lluviosas,
Truena, pero él no se mueve
Me mira apasionadamente por la ventana.

No sabría que hacer si me gritase
Que me ama bajo la lluvia tempestuosa,
Mis mayores me miran
Pidiéndome que no haga lo que pienso hacer.

-¡Oh padre querido! ¿qué puedo hacer si él me espera?-
Sin mirar a mis mayores, y con la falda subida por la entrepierna
Salgo afuera, corriendo, no soportando su poco acercamiento a mí.

Cae juiciosamente la lluvia sobre mí.
Pareciera que me impide ir hasta él,
Pero lucho contra el viento impotente y frió
Y cuando al fin consigo tocarle la mano, algo me atrae para atrás.

Lucho, mirando una sombra escabullirse
Y una lágrima igual de extraña recorre mi rostro,
Goteando sobre el asfalto Londinense
Mientras que la lluvia lo retiene.

Fue una ilusión que no me cansaría de repetir.
Dentro me llaman, piden que vaya y yo suspirando acudo a la casa.
Me piden explicaciones que no tengo intensiones de dar
Y por eso mismo me escabullo hasta mis aposentos.

Ya no sé que pensar, ni qué ver
Él se ha ido ya hace dos semanas,
Darcy ya se ha ido, dejándome sola y congelada ante su recuerdo
Dejando súbitamente el deseo de que volviese a mí, a sus tierras.

Mi madre entra alegando de nuevo que Darcy no era de fiar
No le contesto, pues se bien que no me entenderá,
Ella no sabe lo que es amar ni mucho menos
Pues para ella todo son obsequios.

fotografía: Villborg