Confesiones de un alma atormentada



Estoy ebrio, pero no de alcohol, sino de palabras. Estoy embriagado de ti, confundido, enamorado, mareado,  empedernido hasta lo más profundo de mis huesos de tus palabras sosiegas. 

Estoy emborrachado de cada gota que de tus labios emana, antítesis, dialéctica infinita sin objeto contundente, naturaleza bravía que cristaliza desazonado mi deseo. Extasiado, perturbado, sin palabras ni ninfas en mi boca, ebrio, elocuente, liberado, extrañamente apasionado. Febril, transido contemplo tus axiomas, semántica tergiversada, versos englobados en paradigmas divinos estéticamente equilibrados. Desmesurados anhelos henchidos de  armonía: labios, boca, cabello, tez de lúcidos deseos, agitados pensamientos. 

Estoy ebrio, emborrachado, repleto de ponzoña que estriba mi discurso con nítidos recuerdos. Estoy drogado, de sustancias peligrosas adyacentes a mi mente con el molde de tu cuerpo, fantasmagórica existencia, realidad inmaculada, virgen no tocada.

Figura con labios de color rosado, brazos descubiertos con múltiples texturas. Resignificados contenidos, frases incompletas. Me siento envenenado, ajeno al cuerpo que poseo y que me posee, vástago del dolor que de soslayo le acecha con hastío. Me siento confesando, advenedizo de mi alma, impropio, inapropiado, oscurecido por la sombra de mi propio reflejo. Me siento confesando, confesiones de un alma atormentada, chamuscada hasta el espinazo, lacerada con balazos, mallugada y fragmentada con el poder de mi afección.

Círculos viciosos, zapatillas color plata con membranas transparentes. Tierra no pisada, mujer no conquistada, enigmáticas colinas que nunca he imaginado, ni siquiera en el más recóndito de mis placeres, el más vulgar de mis deberes.

Escribo, escribamos, hablemos por el placer de hacerlo, sin valores o variables sobrevaloradas, lloremos sin interpretaciones que nublen la estética de las palabras.

Y al final, quizás para inspirarnos, un poco de embriaguez, un par de palillos chinos, unos ojos de gato y una botella de declaraciones, al final, quizás para olvidarnos.