Los buscadores de estrellas

Sobre los escritores

Raramente escribimos de lo que debemos escribir, quizás sintamos vergüenza de mostrar nuestros más grandes miedos sin máscaras estéticas, o transformaciones lingüísticas que escondan la poca sublimidad de nuestra naturaleza humana. Uno no aspira a ser escritor; uno ya es escritor desde la primera palabra, desde la primera gota que derrama la tinta de nuestro bolígrafo sobre la hoja de papel.

Los seres humanos somos portadores de sentimientos complejos y obscuros, nosotros quienes nos hemos comprometido con este hermoso deber, encontramos en cada persona historias plúmbeas; al ser escritores, vivimos en un esfera llena de filamentos diáfanos, hilitos que esconden nuestros temores. Somos personas que permanecen encerradas en una burbuja de cristal irrompible, llenos de tristezas y penas; pero a veces, tenemos que ser humildes y aceptar que llega el momento de grabar en la arena nuestra verdad.

Pensamos que la realidad ajena no es parte de nuestra realidad; pero la verdad, es que cada acción impropia, cada palabra que es pronunciada por otras persona, también conforma parte nuestra forma de vida. El ser humano depende de otros para ser feliz, no bastaría con la  satisfacción del triunfo o el hecho de alcanzar grandes cosas, si no existiese la masa social el individuo no poseería ningún valor. Hay que recordar, que siempre somos en función de otros; pues nuestra libertad, está condicionada por el acto civil.

Hablar de nuestros miedos nos vuelve más humildes. Sentir miedo, significa que sabemos que tenemos mucho que perder y muchas cosas buenas por las que arriesgar la vida. La muerte es nuestro peor miedo, el único del que no tenemos escapatoria, morir significaría dejar el poder de nuestras palabras hundido en la tierra del desierto, esperando una eternidad por ser recordadas. Morir es cerrar los ojos y no abrirlos jamás, dejar el mundo y no sentir el calor de un beso, el fulgor de una mirada o la fruición de un beso de fuego. Nuestro consuelo entonces; es crear mundos nuevos, espacios seráficos y etéreos donde nuestra alma morará hasta el final de los tiempos. Siempre estaremos obsesionados con el hecho de morir, es por eso que necesitamos del contacto humano para sobrevivir, no vamos a las tiendas, plazas o mercados con él único motivo de comprar artículos indispensables, recurrimos a espacios llenos de gente por la necesidad de estar en contacto con nuestros semejantes.

Hablemos por ende de lo que somos, seres cautivados por la luz del axioma de la verdad, pensantes, racionales y penitentes como todos los sapientes en este planeta. La gran diferencia, es que los escritores tenemos ambiciones más altas, deseos más oscuros y luminosos. Nosotros somos los buscadores de estrellas