La muerte


El eterno dilema de la condición natural del hombre.



Para vivir hay que sabernos muertos. Nadie puede asegurarnos la vida eterna; ni siquiera Dios, pues él no está vivo. Dios simplemente es inmortal.

Todos hemos despertado alguna vez en medio de la pesadumbre obscura de la noche, sintiéndonos ajenos al cuerpo que habitamos, empapados en sudor frío y asaltados; concentrados únicamente en una  frase ineluctable: "Yo también voy a morir"

Y es que todos algún día descubrimos que también vamos a morir, sí, todos. Nadie se escapa del destino natural del hombre; y al decir "del hombre", me refiero solamente al ser humano, porque de todos los seres "vivos" que existen en la faz de la tierra, el ser humano es el único que tiene consciencia de su propia, imperfecta y limitada existencia. No importa cuántos años poseamos, ni cuanta experiencia, sabiduría, poder o valor; el pensamiento de "muerte" es el motivo por el cual el ser humano le encuentra un sentido a su vida, una razón lógica, un principio filosófico clave que nos genera angustia y al mismo tiempo, nos identifica.

"Saber morir como especie, pero no como personas es precisamente lo que nos individualiza"- Fernando Savater 

Concientizarnos de nuestra limitada existencia, es lo que vuelve al ser humano en un ser racional, pensante respecto su entorno. El ser humano es un individuo que tiene la capacidad de cuestionarse sobre su propia existencia, pues del mismo modo, es el único ser que sabe que va a morir. Filosofar es prepararse para morir, pero prepararse para morir no es otra cosa que pensar en la vida. Esto quiere decir que para poder vivir es necesario morir, contradictorio y paradójico ¿No es cierto? Lo que significa que el ser humano vive con la constante idea, con el conocimiento y la única verdad de que va a morir, es lo único irreversible que hay en este universo; y lo peor de todo, es lo único que no tiene fecha, cara, lugar ni circunstancias. La muerte llega sin saber cómo o dónde; y por dicha razón, los seres sapientes tenemos consciencia de quienes somos. 

"Sólo los buenos sentimientos pueden unirnos, el interés jamás ha forjado uniones duraderas"- Auguste Comte

Más que lo políticamente correcto, los principios,  el interés y el bien común, ante todo está la muerte. Lo que une a los pueblos no es el destino, no es la causa ni el patrimonio, lo que identifica a todos los hombres y mujeres de este extraño lugar llamado tierra, es la muerte. La muerte como tal, es un ente extraño, un lugar, un estado material o espiritual, pero es algo, no es ausencia. Es un concepto que ha sido imaginado como algo aterrador, terriblemente inadmisible, ese final del que todos queremos huir, la evidencia de nuestra frágil forma de vida, una guerra la cual intentamos evitar.

La cuestión fundamental que surge del intelecto humano es: ¿Cuál es mi motivo? ¿Quien soy? Preguntas eternas del hombre que jamás podremos responder, y en la frustración de no poder contestar y saber esta verdad, inventamos un Dios, una religión y una moral inexacta. Las reglas sociales y la política surgen de los conceptos universales, el bien, el mal, lo verdadero y lo bello, interpretantes inherentes del ser que no se construyen de manera grupal, todos saben de manera congénita lo que está bien y lo que está mal, a diferencia de lo correcto y lo incorrecto que surge del paradigma social. El axioma del razonamiento humano surge gracias a que un día descubrimos que somos mortales.

La muerte nos individualiza, porque a pesar de ser la sustancia que une a las naciones, sigue siendo el motivo por el cual preparamos un legado, una personalidad que sólo será recordada al morir. Y es verdad que el ser humano tiene más valor muerto que vivo, estando muertos adquirimos poder sobre nuestra identidad. Paradójicamente, la muerte es lo que nos hace estar vivos. Un perro vive, pero no sabe que está vivo porque no tiene conocimiento de su muerte; empero, el sujeto sapiente lo sabe, y con esta perogrullada prueba se establece el criterio del alma. Si nunca muriéramos, no habría necesidad de crear una religión ni de visualizar un Dios. Dios es un sueño, la materialización del perpetuo deseo de ser eternos. El paraíso es la promesa de que hay algo después de esta travesía.

¿Qué hay después de la muerte? Nadie lo sabe, pero independientemente de eso; querido amigo lector, la vida siempre nos guarda sorpresas y situaciones que nos hacen entender, el significado del actuar cotidiano.

fotografía: especial