Cúspide del Cielo {11° capitulo}



Nala. Vida 4.


¡He pasado el susto de mi existencia! Al final todo se aclaró y comprendí lo que sucedió, pero por un momento creí que me abandonarían por traviesa.

Esta mañana Cecilia se levantó muy temprano y me subió a su automóvil, no tengo idea de a dónde me llevaba, porque en ninguna de las otras existencias que he tenido antes me habían llevado a algún lugar. Cuando se detuvo afuera de una casa blanca tuve aun más miedo, podía olerlo con facilidad, ¡me iba a abandonar! Pero Cecilia no era de esos humanos, yo lo sabía, algo debió ocurrir. Seguramente fue por todas las travesuras que me decía que no hiciera, me la pasaba tirando la basura de los vecinos y sacando la tierra de la jardinera; estaba aburrida y la sensación de rascar la tierra me transmitía paz, pero ¿Cómo iba a explicarle eso a Cecilia?

El lugar estaba lleno de perros, de todos los tamaños, colores y edades, todos gritaban a la vez “¡a mí! ¡Llévame a mí!” No entendía a que se referían con eso. Cuando abrieron la puerta y entramos nos encontramos en una sala de espera, en donde había una gran vitrina llena de collares y suéteres de perro y se leía un cartel que decía "Apoya al albergue para comprar alimento". Y entonces lo comprendí. Cecilia me iba a dejar en un albergue para perros, me iba a abandonar por no aprender a escucharla y obedecer. Sentía que se me partía el corazón y estaba muy nerviosa, ella me repetía que todo saldría bien, pero no entendía como podría salir bien que me abandonara.

Un joven salió de una puerta y me tomó en sus brazos, yo luchaba por soltarme mientras ladraba sin parar, ¿se iba a ir sin ni siquiera despedirse? Me metieron en un cuarto en donde había muchas jeringas y gasas, ¡ahora sí que estaba asustada! Podía oler el desinfectante mezclado con el aroma de otro perro en la mesa de operaciones en la que me depositaron, ¿Qué me iban a hacer? De pronto unas manos me tomaron por sorpresa mientras me inyectaban un líquido que me iba adormilando poco a poco, -“tranquila Nala, todo saldrá bien”- fue lo último que escuché.

Soñé que regresaba a Cúspide del Cielo y las almas a las que había estado entrenando para cuando les tocará partir me reclamaban y decían –“¿lo ves Amatista? Incluso tu adorada humana ha permitido que te lastimen”- pero eso no era así, debía ser mi miedo el que me provocaba todas esas tontas alucinaciones, luchaba por regresar a mi consciente, pero la negrura me jalaba de regreso hacia atrás.

Al despertar me sentía confundida, trataba de abrir los ojos y enfocarme en algo, pero la visión iba y venía, sentía un picor en el abdomen y por más que intentaba levantarme la cabeza me pesaba un horror. Entre dos personas me cargaron y me llevaron por la misma puerta por la que entré y ahí estaba Cecilia, llena de preocupación, mientras le preguntaba a los jóvenes que me cargaban ¿qué cuidados debía tener?, ¿cuando tenía que traerme otra vez? y cosas que a penas escuchaba, pues por más que intentaba moverme la cabeza me giraba sin parar. 

Llegamos a casa y me bajó con mucho cuidado, me puso una acolchonada cama, agua y alimento, pero yo solo quería seguir durmiendo. “Todo está bien pequeña, ya paso, es por tu bien”. Seguía sin entender ni pío de lo que me decía.

Al despertar Cecilia estaba a mi lado acariciándome dulcemente “No entiendes nada de lo que pasa ¿verdad?, te han esterilizado, Nala, así si un día tú decides irte, no estarás dejando perritos sin hogar por todos lados y preocupándote porque no sabes qué les darás de comer. Tienes que prometerme que no te vas a morder ni a rascar, te puedes lastimar. Tu misma debes entender que ya no hay espacio para más perritos en el mundo y hay que empezar a dar el ejemplo.

Lo que quiero decirles con esto mis adorados humanos, (a pesar de que ustedes piensan que nos harán sufrir y nos quitaran algo muy importante para la vida de un perro, lo cual es completamente incorrecto) es que actualmente en el mundo hay una sobrepoblación alarmante de perritos, nosotros en Cúspide del Cielo, hacemos todo lo que podemos por enseñarles a las millones de almas de que manera sobrevivir en el mundo si nacen en las calles, pero ¿por qué seguir haciendo sufrir a más y más de ellas si ustedes pueden hacer la diferencia. Quizás los hijos de su perro terminen en las calles asustados como yo viví varias veces, o quizás tengan la suerte de tener una familia hermosa que los adoré y mimé, pero es una carta muy peligrosa que jugarse, ya que implica el sufrimiento de un ser vivo. Tomen conciencia y como muestra de su amor, no permitan las cruzas y ventas de cachorritos de “raza” todos somos iguales, somos seres vivos, fieles y amorosos que sólo deseamos un hogar, tengamos o no tengamos pedigree.