Duele no saber qué quieres ser



Duele no saber cómo actuar. Duele no saber cuando callar o cuándo hablar. Hay veces que mi egocentrismo me gana, causa estragos y se ríe de sí mismo.

Duele saber que quizás nadie te entiende en verdad. Duele pensar que no tienes a nadie a quien amar. Pero, en algunos casos simplemente mi odio me gana, crea ilusiones, horribles y malévolas que muchos no quisieran ver.

Duele creer en cosas increíbles. Duele entender que nadie te entiende. Mi locura me lleva al precipicio pero ¿quien lo sabrá algún día? ¿Quien se detendrá a pensar que me llevo a matarme de tal forma?

Duele, duele en todo el ser. Duele ser insultado por lo que se es, duele, duele en la mente, escuchar mil y un palabras impropias del humano original. Pero, ¿qué es lo que duele más? Duele, creer en todo aquello que hace mal.

Quizás, si sólo quizás, alguien entendiera, no tomaría las decisiones que tomo. Simplemente si alguien lo hiciera, no pensaría en cosas horribles, macabras como la muerte, los accidentes psicológicos, por no llamar locura a lo que se cree que es. Sólo si alguien supiera mi historia y este, me salvaría de ir falleciendo en mi propia tumba.

Duele saber que quizás nunca encuentre a esa persona que llaman media naranja. Duele sentir que sobras en todo, que sos alguien inútil que sólo busca atención sin quererlo. ¿Es por ser yo? ¿Es por tratar de parecer persona y no un simple espécimen? No, quizás no lo sea, no puede ser eso por lo que no me elijen en casi nada.

Duele pensar que estaría mejor muerta, duele sentir que sos un cero a la izquierda. Duele saber que no sabes casi nada. Duele creer en lo que te dictan y desgarran el corazón.

Duele entender cosas ininteligibles  Duele no poder sentir como los demás; duele, simplemente duele, no saber qué quieres ser en realidad.