El descanso [ficción]



Hay veces en las que el invierno nos muestra una fisonomía paradójica. Existe el frío intenso, aquel frío azulado que congela las entrañas y agrieta el cuerpo; pero de vez en cuando, hay veces en las que de manera aleatoria e inesperada, el tiempo decide dárnos un descanso. Es este espacio en el que podemos advertir fachadas distintas en la dimensión en la que nos desenvolvemos.

En este descanso, me gusta pensarte como un estado azaroso, incierto, así de la misma manera en la que opera el tiempo en cada una de sus extrañas coyunturas y lapsos. Es con esta ideología que puedo aprovechar el milagro de tu existencia, aun cuando el sol tapa tu rostro en su labor crepitante y tus labios forzan una sonrisa. Me gusta escucharte, aun cuando tu voz estrangula en lo más hondo de ti un grito de desesperación, e incluso en esos momentos en los que puedo sentirte tan vulnerable, te admiro, y no sólo a ti, sino a toda tu fuerza.

Respiro. Me gusta pensarte impensablemente, como un torrente de emociones imprevistas, conjugaciones de verbos imperfectos que requieren de diversas estructuras para poder expresarse. Me gusta imaginarte como una carta sin dedicatoria que se abrirá por sí sola, sin expectativas o complicaciones. Aunque de vez en cuando, me encanta sentir el placer de saber que aun en el invierno existe ese espacio, ese momento en el que puedo verte como un descanso.

fotografía: especial