Diálogo [ficción]

En mi cabeza circula un diálogo y no sé cómo callarlo. Es una cuestión paradójica. Es como un estado de dialéctica que ronda y se ejecuta en un proceso que no tiene final. Por una lado, tienes atrás de ti esta sombra que te aplasta, y por otro el retrato de su sonrisa impregnada en el alma como un lápiz labial.

Te despiertas, lavas tu cara con agua fría para tratar de no pensar en ello, pero después vuelve con aquella sonrisa burlona, te mira y te susurra al oído: "Soy el peso que empuja tu pecho al dormir". Después te ríes de ti mismo como un loco que ha perdido la razón. Miras la hora, es tarde ya, contemplas la luna y te dan ganas de gritar. No sé bien si de coraje o felicidad, pero estás ahí, como la neblina que se cierne sobre el cerro, o el mal del enfermo que pide ayuda.

La miras y de nuevo este duelo de personajes internos, por un lado, tienes a la mujer que amas, y por otro, tienes a una amiga incondicional. Y a veces, como narraba Wilde en sus relatos, te acecha la sombría bilocación de su existencia, y casi como un llanto sutil en medio de la negrura infernal, imaginas la frase y la saboreas en tus labios: "Te amo"

Pero al despertar, reparas en el hecho inexorable de que son esas cosas, aquellos pequeños anhelos; el de tocar su pelo, hacerla reír, o tan sólo mirarla, aquellas cosas que te hacen seguir ahí como el amigo que merece, pero no el que necesita. Y soy tan torpe, soy tan cobarde para poder decirte "Te amo, pero es algo que jamás podrás comprender en mí"

Fotografía: Raymond Depardon