Declaraciones imperfectas



Somos un juego de miradas furtivas que navegan y oscilan en un vaivén danzarín. Sí, quizás hubiera sido el sabor del recuerdo o el dolor salado que empapaba mi alma en una tormenta marina, quizás el silbido del ave que engalanaba su vuelo sobre el conjunto que nos rodeaba. O tal vez, puede ser que entre el placer de mirarte en cada trago, en cada helado momento de aquella bebida dulce y espesa que contiene el poder de tu encanto, me haya enamorado de ti.

Si tu m'aimes, tu dois deviner.

El eterno aciago de los vehículos, el correr del infausto matinal, el sol que embota y arde como el viento de una estrella exánime -sí, aquel sujeto que te mira a través del peso de la marea noctívaga, te sonríe y tu corazón revolotea de forma sobrecogedora.- La mentira del convenio, la falaz causalidad que impulsó tus acciones cuando tus ojos centellaban al compás del coloquio de nuestras voces, nuestras conversaciones ontológicas.

Si tu as besoin de moi, tu auras me dire.

El teléfono suena, vibra, se estremece. ¿Por qué habría timbrado? Te veo, pero no puedo imaginarte. Tan sólo te siento, te pertenezco tan inoportunamente. El calor, las lágrimas, el color sólido, transparente deseo con brillantes declaraciones, tus ojos. ¿Por qué habrá timbrado?

Tú, sentada, cubierta de tela, el frío alrededor de tu habitación, y tu vista que absorbe la esencia de cada fragmento escrito por ancestrales poetas, escritores con alma peregrina, absoluta verdad que protagoniza tu sonrisa en un acto de júbilo en tu habitual lectura.

Tu mano presiona con ansiedad aquel objeto. Deseas llamarme, escribirme, quizá deseas verme y abrazarme, o tal vez hechizo mi anhelo más grande para encontrar consuelo. El teléfono suena, tu nombre. Comienzo a acostumbrarme a este juego de efectos de búsqueda y confluencia. ¿Qué más da? Al final siempre regreso a ti en un despido interminable, así como las motas plateadas en el lienzo del cielo, vuelvo a ti como la noche después del atardecer.

Mes états imparfaits.

Es tarde, el viento agrieta, no sopla, simplemente agrieta la piel de mi rostro -sí, de nuevo aquel sujeto-. Reflexiono, observo en lo que me he convertido, pero no sé por qué no había reparado en esta verdad, y sin embargo te busco. Te necesito, no lo pienso, no hablo, escucho el silencio. Te necesito como un ciego al lazarillo, te necesito como la verdad a la mentira, como la obscuridad que se cierne impetuosa en la tierra. Sólo sé que te necesito, no existe cuestión más simple, ni evidencia más incuestionable, y bajo esta premisa rijo el acto de mi existencia.

Retrouvez-moi.

Confieso, confieso como el pecador confiesa el pecado, como el delincuente el delito. Declaro que soy culpable de haber encontrado el universo en tus ojos, de haber estado allí en el momento preciso, justo en el tiempo inexacto y del modo imperfecto. Me declaro culpable de haber sentenciado mi alma al enamorarse de ti. El viento sopla más fuerte aun, pero la noche sólo se hace más obscura antes del alba.

Somos sufragáneos motivos que se interceptan en un camino sin rumbo. Te imagino con prisa, caminando agitada bajo un día soleado, el dorado en tus ojos, el color en tus mejillas, no existo, existe el sendero de la duda y mi melancólica aspereza.

Petite femme, toujours distrait penser à tout.

Nada importa. Mi único consuelo es que tú sabes. Así es, uno simplemente sabe, instintivamente, innatamente. No importa el tiempo, ni la distancia; a pesar de todo, yo seguiré aquí, esperando sin expectativas, esperándote hasta que las estrellas caigan de los cielos.

fotografía: especial