Noches de lucidez y perversiones animadas (de ayer y hoy).

Para ser libre en una ilegalidad espiritual, moral y jurídica, para tomar la puerta trasera y decir a-diós.


Playa, mar, arena y sabor a ti mezclado con el cálido y húmedo clima tropical. Dosis requerida para conservarse joven y cuerdo: para mi juventud, una dosis infectiva, contagio de la tuya, pequeña de piel tersa y mente pura; para mi cordura, tu bipolaridad y la poca tolerancia alcohólica, síndrome típico de un consumo mermado por la presión social, posición de señorita -lo que nos hacen creer-.

El atardecer, mi mano etílicamente fría para matar el calor y un par de neuronas en el inter –sin problema, nunca he sufrido por su cantidad- recostado sobre una silla de plástico, de aquellas sillas promocionales regaladas por la cervecera local, ligeramente rota, sin importancia. Y tú, por allá tendida sobre la cama de la pseudo-habitación de este pseudo-hotel, bajo una sábana hedionda cubriendo tu cuerpo expuesto, tal y como lo dejé antes de venir a conseguir un trago.

¿Despertarás pronto? No lo sé, ¿qué importa? Espero descanses, y lo espero egoístamente porque no hay cosa que más disfrute, que me deleite tan profundamente, como estar en soledad contigo. Sabiéndote presente pero inconsciente; en este momento eres quien quiero que seas y es lo que más amo de ti, porque quien eres coincide con quien quiero te conviertas en este silencio corrupto únicamente por una guitarra y el "have my eyes and I can see you". Y el silencio corrupto de este modo es sublime y atroz, justo como se corrompe una pequeña y delicada mujercita de 17 años por un hombre de 38. Sin embargo es la mejor diferencia de edad, no soy tan viejo para ser tu padre ni tan joven para que tengamos una relación normal -sin olvidar otras implicaciones, claro esta. 

No puedo evitar estar hundido en la escena y creérme en Memorias de “mis buenas amigas” de García Márquez; pero no es así, estoy aquí, y tú y evidentemente tus padres muy lejos creyéndote de misiones, católica ejemplar; e ignorando, quiero decir, negando mi existencia y sabiéndome únicamente como un maestro, un padre franciscano devoto, ferviente creyente, y que gracias a Dios me niegan tal y como negaré todo si fuese necesario antes de emprender la huida. Es evidente el comportamiento autodestructivo, pero necesito una razón y es por ello que lo hago, es por ello que te amo. ¿Qué pasa conmigo que suspiro con una sonrisa irónica? Creo que he perdido noción de la realidad; desapego pos-insomnio controlado con fuertes dosis de lectura divergente al testamento: el nuevo, el viejo, el usado, el que se encuentra al dos por uno en miércoles de plaza o cualquiera que esté de moda en estos días.

Sólo una razón para ser libre en una ilegalidad espiritual, moral y jurídica, para tomar la puerta trasera y decir a-diós. O una razón para salir triunfante por la puerta delantera, ¿dejárselo al destino? Es mejor y más ilustrativo dejárselo a una prueba casera:

¿Positivo o negativo?

fotografía: especial