Cúspide del Cielo {5to capitulo}


Sarni. Vida 2
Parte IV


“Así como las flores son endulzadas por el sol y el rocío; Este viejo mundo es más brillante por las vidas de locos como tú.” Bonnie Parker

Cuando llegué a la Tierra nunca imaginé que mi vida seria así, que tendría una amistad con otra alma y encontraría dos humanos a los cuales cuidar. Al recordar cómo llegué y todo lo que viví, me siento satisfecha de poder decir que la raza humana es bondadosa, es sólo que a veces se les olvida, están tan ensimismados en problemas que creen que los acabarán, que construyen paredes en sus corazones para no sentir.

Aunque en Cúspide seguiremos escuchando las historias de algunas almas que han preferido no volver a viajar, de almas a quienes se les ha lastimado mucho, se les ha torturado o matado. Es esa la parte de los humanos que se deja consumir por su propio sufrimiento, cuando se convierten en monstruos y no ven las lágrimas de dolor y las súplicas que hacemos al pedirles que paren. Muchas almas han pasado por situaciones inimaginables, verdaderamente terroríficas los últimos minutos de sus vidas, en agonía  acosados en pesadillas, tantas, que ya no quieren creer  ni tener fe.

Por otro lado, estamos los que hemos visto la capacidad que tienen para amar, para entregarse sin reservas y entender que sentimos y hacemos nuestro mejor esfuerzo por expresarnos. Nosotros tratamos de ayudar a estas almas asustadizas que regresan a Cúspide del Cielo, a veces el daño es irreparable. Pero por vidas como las de Cecilia y Don Mario, un par de locos más en el mundo que hablan con nosotros y nos procuran como a un mejor amigo, nos esforzamos para darles una segunda oportunidad.

Humanos, esto se los pido a todos ustedes, cada vez que nos pegan, que nos gritan o nos asustan, nos lastiman, hagan conciencia entre ustedes, si ven que alguien esta lastimando a cualquier ser vivo, sea de la especia que sea, defiéndanlo, nosotros no tenemos voz para gritar la palabra “ayuda”, nosotros no queremos hacerles daño, estamos aquí para amarlos y hacerlos felices, cuiden de nosotros y tengan paciencia. A veces tardamos en entender que morder los zapatos, mangueras, mosquiteros o macetas. está mal, pero no abandonen cachorritos por hacer travesuras, ¿tienen idea de cuántos de ellos regresan a Cúspide del Cielo llenos de temor y reprensión contra ustedes? Cada especie de este planeta merece una segunda oportunidad.

Cecilia se iría de viaje por un tiempo, se le veía feliz, radiante, sonriente, mi misión se había cumplido. Doc cuidaría de Don Mario y algún día nos reencontraríamos sobre alguna nubecilla de Cúspide del Cielo, extrañaba estar horas en la biblioteca, leyendo historias de humanos, platicando con otras almas de nuestras experiencias, de lo que deberían aprender las personas de la Tierra, extrañaba sentarme en el borde de mi nube y observar las luces de la Tierra al anochecer, imaginar la próxima vida que tendría allí.

Cuando Cecilia partió me dijo que me portara bien, “recuerda cuanto te quiero Sarni” con un ladrido le respondí que yo a ella también. Quizás en el fondo ella sabía que cuando regresara yo ya no estaría. Me despedí de Doc y de Don Mario. Sabía que estarían bien. Y así como un suspiro me esfumé en el viento, volé de regreso a mi hogar, a la nube donde el último rayo de sol desprendía un destello violeta con polvos brillantes, justo igual que el color de mis ojos.

Pero pronto volveré con Cecilia, pues su destino apenas se escribe, se entreteje en una tela a la que aún le queda mucho para terminarse. Esta no será la última vez que me necesita, quizás mi regreso está más cerca de lo que imagino, no sé en donde aterrizaré, ni cómo será esta otra vida, pero sé que Cecilia siempre me recibirá con los brazos abiertos, pues muy en el fondo de su alma, la conexión está hecha, ella lo sabe y yo lo sé.