Adicción a las compras


“¡Es la última vez que paso la tarjeta, es que no encontraré otra oferta igual!”


 “Ni siquiera necesitaban dinero, tenían tarjetas mágicas. Yo, quería una, nunca imagine que ¡terminaría con doce!”- Confessions of a Shopaholic

A las mujeres por naturaleza nos gusta comprar cosas, cuando vemos un par de zapatos, una bolsa de marca en rebaja, una bufanda (que sólo usaremos dos meses), o un simple espejo en un “estuche muy bonito”, lo compramos cueste lo que cueste, pues el visualizarnos usándolo nos anima a ahorrar o pagarlo con la tarjeta e ir “abonando”.

Hasta aquí todo suena bien, y digo ¿quien no quiere adquirir cosas? es una necesidad humana y más que nada del género femenino, pero el problema se presenta cuando no se tiene la estabilidad económica idónea y se gasta más de lo que se gana.

Una compradora compulsiva no se detendrá por el hecho de que su quincena se haya terminado en otro pago, incluso ha gastado la quincena mucho antes de recibirla; ella agotará hasta el último recurso para conseguir el artículo deseado, pasará todas las tarjetas de crédito e incluso, en casos severos, pedirá prestado con alguna excusa a la que nadie podrá decir que no. Y es que, la compradora compulsiva está segura de que esa oferta sólo se presenta una vez en la vida, promete que únicamente son $500 pesos más a la cuenta de $10,000 que ya se está pagando.

Una compradora compulsiva siente un placer inmensurable al comprar, las compras le producen éxtasis y felicidad, si se encuentra en alguna crisis emocional las compras son la mejor terapia, pero la decepción y la culpabilidad son los sentimientos que preceden a estas emociones que en el momento no producen desagrado, ni preocupación.

Hay una película, que en lo particular me pareció divertidísima y muy acertada sobre las mujeres que compramos compulsivamente, Confessions of a Shopaholic, no cabe duda de que, aunque en ocasiones caen en exageración, sí existen casos de tal gravedad. Como la misma protagonista de la película afirma, la decepción llega al darse cuenta de que el suéter por el que se ha pagado una cantidad exagerada de dinero, es de 98% algodón y 2% cachemira, gastamos una cantidad ridícula de dinero por la tela más común de todas.

¿Hasta qué punto está bien consentirnos? Es cierto que las mujeres usamos las compras como una terapia para aliviar mal de amores, ansiedad, incluso una enfermedad se nos olvidaría con una tarjeta con miles de pesos y un centro comercial de 3 pisos, pero debemos aprender a saber y ponernos nuestros límites.

¿Cómo se deja de ser compradora compulsiva? Yo, me encuentro entre las compradoras compulsivas, y ha sido sólo cuestión de elección mía, comenzar a controlarlo. Desafortunadamente no existe un grupo de ayuda o una terapia en la que se enseñe a dejar este vicio, tampoco hay una medicina, siempre se es compradora compulsiva, pero controlarlo es una simple decisión, se tiene que tener la determinación necesaria para evaluar si un artículo es un prioridad, o un simple “deseo del momento”. El 99% del tiempo, las compradoras compulsivas adquirimos artículos de un sólo uso que desechamos rápidamente porque no era lo que esperábamos, o simplemente porque “ya no se nos ve tan bien”.

Una solución muy eficaz es cargar únicamente con el efectivo necesario, nada de tarjetas, y saber que esos arranques de deseo sólo duran unas horas. Si sabes que no tienes dinero para gastar evita asistir a tiendas departamentales donde la tentación te hará recaer. Recuerda siempre evaluar la situación económica en la que te encuentras, una deuda más podría desbalancear el orden que ya habías conseguido.

No está mal de vez en cuando darnos un “lujito”, pero aprendamos a saber cuándo podemos permitírnoslo y cuando no.

fotografía: Gucci especial