W./ E

El rey que abdicó el trono por amor


“Estos gozos violentos tienen fines violentos, y mueren en pleno triunfo; como el fuego y la pólvora, que al besarse se consumen. La miel más dulce empalaga por su propia excesiva dulzura, al probarla embota el paladar. Ama, pues, moderadamente, y durará más el amor."  
W.  Shakespeare, Romeo & Julieta

Muchos conocen la historia del rey Eduardo VIII, y habrá muchos otros que nunca la han escuchado. Es por eso que decidí escribir para contárselas, pues a primera vista, viéndola con el lente superficial y muy  al estilo Hollywood, se afirma que esta historia fue sin duda “el romance del siglo”, pero esta afirmación está muy lejos de ser cierta; nuestra especie siempre quiere encontrar romanticismo e historias de cuentos de hadas en la vida real que trasciendan barreras del tiempo, pero muy pocas veces encontramos historias así, en la vida real no siempre hay un “vivieron felices por siempre”. En la vida real el amor supone compromiso y esfuerzo por ambas partes para que funcione. No quiero que me mal interpreten creyendo que hablo de que nunca se encuentra al alma gemela, claro que se encuentra, pero al encontrarla se hacen cambios y sacrificios que ambos están dispuestos a sobrellevar.

El comienzo de esta historia como todo cuento de princesas seria así: Había una vez, en un reino muy lejano durante los años 30’s, un príncipe heredero al trono que conoce a una mujer "plebeya" de la que cae profundamente enamorado, pero lectores presten atención, es aquí, justo en esta palabra donde se incorpora la realidad, el lado humano y que la sociedad no tolerará: adulterio, la historia continuaría así: esta mujer, casada y ya con un divorcio en su turbio pasado, pensaron que sólo sería un capricho más de su alteza real, que tarde o temprano se cansaría, pero eso nunca pasó, abandonó sus responsabilidades y abdicó al trono a los 325 días de gobernar por la mujer con la que su familia y el parlamento inglés no lo dejaban contraer nupcias.

El rey Eduardo VIII, de nombre completo: Edward Albert Christian George Andrew Patrick David, era conocido en toda Inglaterra por ser un mujeriego, pero no un mujeriego común, pues siempre se le veía con mujeres mayores que él y peor aún, casadas; es así que por medio de una de ellas conoce a la mujer que le robaría el corazón por siempre: Wallis Simpson.

Wallis era estadounidense, con dos divorcios en su historial. Su primer matrimonio con Win Spencer, piloto de la Armada de EEUU, terminó en desastre, pues él era alcohólico y la maltrataba físicamente. Su segundo matrimonio con Ernest Simpson, ejecutivo de transporte marítimo el cual siempre la trató con respeto y la amaba con locura, no acabo tampoco en los mejores términos, Ernest tuvo que acceder a la petición del rey y permitir que Wallis se convirtiera en su amante.

Ella era una mujer enigmática, que tenía a los hombres donde quería, pues conocía bien el poder de la seducción, aunque muchos historiadores han dado a conocer que debido a la complexión de su cuerpo, un físico escuálido, sin curvas y sin pechos, posiblemente era hermafrodita y su órganos masculinos se desarrollaron internamente. Mas también es bien sabido que tanto ella como Eduardo tenían una obsesión con el peso.

Eduardo era un hombre incompetente, aseguraban que su ortografía era pésima y no aceptaba responsabilidades, la idea de dirigir un país y el estallido de la 2da guerra mundial tocando la puerta lo hicieron sentir asustado y frágil.

Si hacemos un análisis profundo podríamos ver dos variantes acertadas en su decisión al abdicar al trono “por amor”, la historia nos cuenta que el mismo parlamento lo presionó para abdicar, pues aseguraban que era simpatizante de Hitler, y tener un rey que apoyara al nazismo sería desastroso para Inglaterra, la familia real no aceptaba que la futura reina fuera ya conocida por todo el país como la “ramera yankee”, y si el verdaderamente la amaba para seguirla al fin del mundo, la abdicación era su única alternativa. La segunda variante que en lo personal pienso es la más acertada, principalmente por cómo se expresaba Wallis de él en secreto, llamándolo "Peter Pan", es que era un hombre con problemas, las responsabilidades le quedaban grandes, a él le gustaba que las decisiones las tomara alguien más, claro está que en esos tiempos asegurar que un miembro de la realeza era mentalmente incompetente para tomar el cargo, era una declaración que se castigaría, si bien con la cárcel o la muerte.

Eduardo tuvo miedo de afrontar las consecuencias que suponían quedarse en el trono y Wallis se convirtió para él en la mujer a la que veía como una madre, que siempre estaba ahí incondicionalmente. Winston Churchill alguna vez declaró que “su relación era más psíquica que sexual”.

Pero ¿Wallis quería estar con él, dejarlo todo por ese amor? Muchas de las cartas recuperadas a lo largo de los años aseguran que al inicio de la relación ella se sentía extasiada de que su alteza real la cortejara con joyas diseñadas especialmente para ella, y regalos costosos, pero al pasar el tiempo ella se dio cuenta que él no la dejaría ir tan fácilmente, él se convirtió en su sombra, incluso llegó a amenazarle asegurando que si ella se iba y lo dejaba, él se suicidaría.

Wallis intentó de todas las formas posibles que el rey no abdicara al trono y siguiera con la normalidad de su vida para que ella pudiera regresar con el verdadero amor de su vida, Ernest Simpson, pero éste último ya había contraído matrimonio con otra mujer de la cual se enamoró. Se han encontrado cartas que ella le escribía estando en su de luna de miel, en las cuales le revelaba su infelicidad y que su corazón sólo le correspondía a él: "Ernest, nada de este lío... es cosa mía. Es el nuevo plan de Peter Pan. Te echo de menos y me preocupo por ti (...). Oh, querido, qué bonita, fácil y simple era la vida. ¿A que todo es horroroso, incluida la pluma?" 

Cuando Eduardo renunció al trono, su hermano Jorge VI, quien vivía con una deficiencia desastrosa como monarca (tartamudez) le ofreció a su hermano el titulo de duque excluyéndolo en el Sur de Francia, así fue como el parlamento mantuvo alejado al rey que posiblemente se convertiría  en la caída de Inglaterra si se aliaba con Hitler.

Verdad o mentira, creo que los protagonistas de esta historia son los únicos que podrían aclarar que intereses y contratos se movieron detrás del telón, podríamos casi asegurar que Wallis nunca lo amó y nunca estuvo entre sus planes dejarlo todo, pero, ¿y él a ella? Quizás únicamente fue su válvula de escape, quizás Wallis sólo se situó en el momento y tiempo incorrecto, o quizás sí fue ella su gran amor.

Sin tener un final claro, lectores, hagan sus apuestas, ¿Qué suposición sería la más acertada? ¿Un amor incomprensible, sin uso de razón, o la historia perfecta para dar “pan y circo” al pueblo mientras se atravesaba por una guerra que dejaba a su paso miles de millones de pérdidas?

fotografía: vogue.es, howretro.com, gtres.com