Ficción [cuento]

Señorita Bossa Nova.

Cuando la miré a los ojos, descubrí palabras que su corazón jamás había hablado, un montón de reflexiones que se distorsionaban con el sonido de su voz, parecía un lamento que resonaba sublime y portentoso en aquel espacio repleto de destellos fugaces.

La sensación era extraña, era como flotar cautivado por su belleza pero sin sentirme atraído; en el fondo, mi mente proyectaba trazos uniformes y líneas contenedoras de ritmos embelesados. Súbitamente, un raso ritmo de bossa llamó mi atención, sin embargo, aun hundido en ese estado patidifuso, pude distinguir el aforismo de su alma, era una combinación de deseos violentos y tiernas declaraciones de forma simultánea.

-Si quieres hablar, habla. Yo no tengo miedo de decir la verdad.

Sus joyas oculares resplandecían de manera elegante e iracunda, sin embargo no se crispó, su voz permaneció tensa y firme como un hilo de plata en laxitud.

-Lo he dicho y lo repetiré de nuevo.-insistió la chica.

A pesar de la llama fulgente que irradiaban sus ojos, había algo en ella que me cautivaba, una extraña fuerza que embriagaba mis sentidos.

Hastiada me miró de nuevo.

-Quizás sea el cansancio lo que me haya hecho explotar, perdona, pero debo irme a París.

Otro intento en vano por tratar de concentrarme, mi mente escuchaba con mayor intensidad el acorde redundante de esa guitarra color maple. Era un sonido invisible que olía a coco y sal de playa. Mis pies; por su parte, danzaban al compás de un conjunto de sabores tropicales, ansiosos pasos que deseaban besar esas tierras desconocidas, lugares llenos de misticismo y relajación. De pronto lo recordé.

Siempre me había gustado ese lugar lleno de colores rojizos y paredes de ladrillos, era contrastante la manera en que este pensamiento me alejaba de la voz de la joven, empezaba a sentir una estrecha relación entre esos acordes y aquella melodía fructuosa, una mezcla entre el sueño de esa playa paradisíaca y los sentimientos atesorados de mi adolescencia. De repente los vi, a cada uno de ellos con sus sonrisas dibujadas, me los imaginé de nuevo como eran antes, a todos mis viejos amigos desenvolviéndose en aquel ambiente lleno de contradicciones y malas decisiones. Fue un viaje sin tiempo y con la duración de una eternidad, efímero y estremecedor.

-Véte tranquilo que no te culpo, pero quizás un día entenderás las razones por las cuales actuaba de esa manera.

La bossa seguía pintando su ritmo.

Sentí ganas de abrazarla, limpiarla de las ideas erróneas que la habían atacado, quería sus amistad, pero una amistad diferente. No creo que pudiese explicarlo ahora, mas bien, quería sentirme maestro y alumno de sus fuertes anhelos, quería ser el amigo incondicional de sus articulados sollozos, quería que fuese el oído de mis tristezas. Todo esto pasó por mi mente de manera fugaz, ahora puedo decir que por alguna extraña razón la sentí como una hija, sólo; y en verdad sólo, en un infundado y endeble pensamiento, que cruzó mi mente de manera inconsciente.

La música comenzaba a relajarse.

-Me voy a París.- dijo finalmente.

Nunca supe su nombre, ni la naturaleza de sus impulsos, pero sí puedo recordar el color de esa melodía alternante y la mezcla de acordes de aquella pieza de ensueño.

¿Su nombre? no lo sé, quizás no quiera saberlo, pero mi pensamiento siempre la recordará con un solo nombre: Señorita Bossa Nova.

Fotografía: especial