Cúspide del Cielo {4to capitulo}



Sarni. Vida 2
Parte III


No estoy segura cuanto tiempo estuve en ese estado, sentía que me hundía y emergía por sólo unos cuantos segundos, escuchaba la voz de Don Mario, sentía unas caricias llenas de ternura, lo escuchaba sollozar, también escuchaba a Doc mientras decía que todo estaría bien, internamente yo luchaba constantemente por no irme, no podía irme aún, tenía que decirle a Cecilia algunas cosas, tenía que asegurarme que su estado de ánimo seguiría constante y no se entristecería otra vez. Debía asegurarme de que Don Mario y Doc se encontraban bien, Doc debía prometer cuidar de él y sus botellas.

Días después me sentí mejor, pero Don Mario no podía gastar en algo para aliviarme el dolor del ojo, del cual seguía brotando un liquido pegajoso, así que cuando me puse en marcha un poco mareada, el me dejó ir. No quería que Cecilia me viera así, pero estaría preocupada, así fue que logré llegar a su casa.

Cuando me vio comenzó a llorar mientras me abrazaba y preguntaba quién me había hecho eso, su mamá me limpió mi ojo y me untó una crema que calmó el dolor, Cecilia me sirvió un gran plato de croquetas, ya había olvidado cuanta hambre tenía.

Estuve dos semanas con Cecilia, y con su amor y cuidados logramos que el dolor desapareciera, pero fue inminente a pesar de sus esfuerzos, perdí mi ojo, Cecilia decía que la patada fue tan fuerte que me lo hundió, cada vez que hablaba del tema se enojaba y aseguraba que en la vida todo se regresa y la persona que me había lastimado sufriría también, yo no le deseaba el mal, el tuvo sus razones.

Mi ojo se veía extraño, un color grisáceo oscuro, borroso y pequeño, así tuve que aprender a prestar atención con el ojo derecho y agudizar mis sentidos del oído y olfato.

Cualquiera diría que con lo que viví me habría querido marchar enseguida de regreso a Cúspide del Cielo, pero la verdad es que empezaba a amar a esta raza tan difícil de explicar, sentía fascinación por los humanos, pues a pesar del daño y mi primera vida tan traumática en este lugar, yo los amaba, tenía esperanza en ellos, sabía que podían tener conciencia, aprender a tener empatía con todos nosotros, los animales, que a pesar de no poder explicarles con palabras lo que sentíamos, si prestaban la suficiente atención aprenderían a leer nuestras almas y sabrían que en una forma diferente y a la vez tan parecida, también teníamos sentimientos. Que ellos eran para nosotros eso que buscan tanto: el amor de nuestras vidas, de nuestra completa existencia en el mundo, nuestras almas gemelas.

Una noche después de dos semanas de descanso, decidí visitar a Don Mario y Doc y asegurarme de que se encontraban bien, Don Mario estaba descansando y Doc se encontraba cuidando las botellas.

-¿Qué piensas de ellos Sarni?- me preguntó.

-¿Los humanos? Creo que son fascinantes, no ven todas las cosas grandiosas que hay, sufren por nimiedades… pero supongo que por eso estamos aquí ¿no? Hay que recordárselos de vez en cuando. Amarlos a pesar de todo, si tan siquiera supieran que sólo por ellos estamos aquí. No sólo nosotros, si no todas las especies del mundo.

Después de un largo silencio, como si el sopesara mi respuesta, me pregunto:

-¿Extrañas Cúspide? Yo pienso en eso todo el tiempo, pero no podría irme, hace 3 meses sí, pero ahora- dijo mientras miraba con ternura a Don Mario- tengo una misión.

En ese momento supe que Don Mario sería su humano y lo seguiría a donde fuera, no habría necesidad de hacerlo prometer que cuidaría de él, en sus palabras estaba la promesa implícita.

-Lo sé, quiero que conozcas a alguien, mañana cuando regreses de recolectar botellas, prometo que no tardaremos mucho.

Y así a la noche siguiente lo lleve a conocer la razón por la que yo me encontraba en el mundo, la razón por la que decidí hacer un viaje extenso, sufrir frío, maltratos, hambre, dolor y desprecio. Al final del camino todo eso valió la pena pues los humanos siempre dicen que la vida recompensa a todos aquellos que sufren, pero que siguen luchando por mantenerse en pie, mi recompensa fue increíble, conocí el amor incondicional y sin reservas.

Pero esto aún no termina, mi tiempo se agota y casi debo regresar a Cúspide del Cielo otra vez, esperar otra vida para volverla a ver, mas mientras dure esta, lo disfrutaré.

fotografía: weheartit