CÚSPIDE DEL CIELO {3er capitulo}




Sarni. Vida 2.
Parte II
Por Karla Trugon.

Muy pocos humanos comprenden el hecho de que sin ellos, nosotros, no tenemos a nadie más, para nosotros ellos son nuestro mundo y nuestro diario vivir, si ellos se cansan de nosotros y nos abandonan nuestro mundo se derrumba y no sabemos qué hacer. Conozco el sentimiento del abandono desde el día de mi nacimiento, y encontrar a Cecilia para mí fue encontrar algo que me anclara a la Tierra. Pero hay muchas más almas que nunca encuentran su ancla y mueren sin conocer nunca esa fuerza que mueve a la Tierra: el amor.

Llevaba un mes en casa de Cecilia, me alimentaban bien y aprendí a ya no comer apresuradamente como si alguien fuera a robarme la comida, sabía que Cecilia nunca se olvidaría de que yo estaba afuera esperando. Y poco a poco fui queriéndola más de lo que ya la quería mucho antes de conocerla, en las tardes cuando estaba sola o simplemente triste, salía a la cochera, se sentaba en un escalón y mientras me acariciaba me platicaba lo que sentía o simplemente como le había ido en su día, no le daba miedo o asco acariciarme como a la mayoría de las personas le daba por mi enfermedad.

Y poco a poco vi como empezaba a salir de ese lugar de tristeza en el que se encontraba atrapada, ya sonreía y se reía fuerte y alto, incluso bromeaba con su mama y hermano. Pero había algo que a mí me agobiaba aun, Don Mario con sus botellas de plástico, y sabía que tenía que hacer algo, mi trabajo en la Tierra se debía limitar al alma que yo escogí, pero no podría irme de la Tierra mientras Don Mario estuviera aún por ahí juntando botellas y durmiendo en el frío.

Así que decidí ir y venir, pasaba unos días en casa de Cecilia y después regresaba con Don Mario, procuraba pasar las noches allá y el pudiera descansar. Cuando me vio regresar sus ojos brillaron de emoción y puedo jurar que una lagrima resbaló por sus mejillas, yo era parte de su vida y aunque sólo cuidara de sus botellas y moviera mi colita, yo era su único amigo, eso me hizo sentir especial, eso me hizo darme cuenta que a pesar de tanta maldad y crueldad aún quedaban destellos de luz entre los humanos.

Una fría mañana conocí a otra alma traviesa entre un montón de cacharros, era el doble de tamaño mío, se llamaba “Doc”, es común encontrarse con otras almas en la Tierra de vez en cuando y es aun mejor tener a alguien con quien platicar de lo mucho que extrañamos nuestro hogar en el cielo, donde las emociones no son tan contradictorias. Doc vivió en una casa en algún tiempo, pero una noche aburrido, decidió mordisquear unos zapatos, a la mañana siguiente lo metieron en una caja y lo abandonaron. Doc había aprendido a sobrevivir en las calles desde los 5 meses de vida.

Doc me enseño una forma de aliviar el ardor de mi piel, todos los días me llevaba al lugar donde nos encontramos y me hacia untarme una sustancia negra y pegajosa, eventualmente el pelo volvió a crecer,  y entre Doc y yo nació una amistad. Don Mario, claro está, adopto a Doc también y así en las noches ambos podíamos dormir y nos turnábamos para cuidar las botellas.Ya no era tan difícil para mí pasar más tiempo con Cecilia, pues sabía que Doc cuidaría bien de Don Mario.

Esa noche decidí ir a visitarlos; durante mi turno de cuidar las botellas aparecieron dos figurillas entre las sombras, yo comencé a ladrar y gruñir para asustarlos, pero uno de ellos tomó el costal mientras el otro me dio una patada que nubló mi vista, comencé a llorar pues el dolor era insoportable, y Don Mario salió con un palo mientras las figuras se alejaban a toda prisa dejando el costal tirado, sentía un liquido brotar de mi ojo izquierdo, pero el dolor era lo que me provocaba mareos, sentía miedo, miedo de irme sin tener la oportunidad de despedirme de mi humana

¿Estás bien? ¿Sarni? ¡No te duermas! ¡No te duermas! Me repetía Don Mario, pero yo sólo me hundía en un espiral oscuro.