Amor fati


Etiquetar una calamidad como un completo desastre, ni el triunfo como un gran milagro.




Por Christopher Cedillo.

"Destino" es una palabra que no me deja dormir. Si está marcado, si no lo está. Si es así, ¡¿entonces que más da?! Dejémos la voluntad que es una burla al intelecto y una pérdida de tiempo; si ya todo está escrito, no hay esfuerzo humano que pueda cambiar lo que debe de ser. Dicen algunos "cuando te toca, te toca". Entonces el errar no es errar, es parte de ser, de cumplir la línea ya escrita, después, no hay aprendizaje. La piedra con que tropiezas ya cumplió su destino: hacerte tropezar.

¿A quién estará destinado que yo haga tropezar?

Y aún así engalanamos el termino ¡Incluso lo volvemos romántico! Nos invade lo poético. ¿Cómo podemos convertir algo tan represivo, frustrante, estricto,  inflexible, en un beso bien tierno? Sin notar que es una caricia que quema, unas uñas largas y sensuales que se encajan, una uña enterrada. Si el destino existe, el arrepentimiento, que siempre ha sido inútil, además es absurdo.

Y eso, es lo único que me gusta del destino: la abolición del arrepentimiento. Tomar el pasado como un hecho incorregible. Irremediablemente hay que continuar; por supuesto, se implementan acciones correctivas, pero ellas no suprimen los hechos ya sucedidos. El éxito y el fracaso: Ambos sólo son.

Dice una historia...

Un anciano labrador tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él, y lamentar su desgracia, el labrador les replicó -¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?
Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió -¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?.
Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir -¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?
Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota le dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

Finalmente, las permutaciones de factores hacen de la existencia un completo azar, un orden caótico  incomprensible.

¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe? Tomar lo que llegue como es, sin etiquetar una calamidad como un completo desastre, ni el triunfo como un gran milagro; todo podría transformarse y aniquilar la premisa.

Sin embargo la voluntad debe persistir. Con o sin destino escrito (concepto incierto), la vida en la incertidumbre sigue: "Amor fati: Amor al destino".


fotografía: Mungui.